Cuando observo el mundo actual con su progresiva aceleración que arrastra nuestro cuerpo inmerso en los avances tecnológicos, tiendo a concordar con Hanna Arendt, que ese hombre ilustrado que se consolido como proyecto hacia el siglo XVI, ha superado sus límites emancipándose de la naturaleza y de su propia esencia.
Es que el hombre nuevo ha superado el grito heideggeriano de que es un "ser-para-la-muerte", es decir, ya no nace para ella. Más allá del evento material que limita su existencia sale a superar su finitud y enfrentar una realidad a la que ha sido arrojado.
Es aquí cuando la tecnología se constituye en el medio por el cual mejora sus condiciones de vida, incluyendo el aumento sustantivo de la longevidad.
Al hombre nuevo ya no lo detiene la muerte abriéndose camino a algo que lo transforma y lo acerca a convertirse en una especie de ciborg, que rompe sus ligamentos con su naturaleza e incluso trascendencia. Si aplicamos las ideas de Nick Bostrom concluiríamos que la tecnología abre las puertas a una nueva experiencia de humanidad, en sus propio concepto entramos en una nueva etapa que enuncia la llegada al transhumanismo.
Con esto no solo ha llegado el fin de la concepción del hombre por la antigua Grecia, sino que también de aquel hombre de la ilustración que se orientó hacia un ser absoluto. Debemos reconocer que la tecnología ya no es la techne latina, que a partir de los últimos siglos ha perdido la prudencia y en muchas ocasiones ha obviado aplicarse con sabiduría práctica, es decir ha perdido su frónesis (Φρόνησις) en su actuar.
Quizás lo que voy a escribir más adelante sea una idea imposible - como aquella historia del niño que llena su balde para sacar el agua del mar – porque darse el tiempo para detener por un instante y reflexionar sobre la tecnología más allá de su acción propia, parece un imposible. Así, intento aplicar esa “atención” reflexiva que nos propone Simone Weil, para comprender correctamente que la tecnología no puede medirse solo por su acción, sino que debe considerar valorarse si aporta a un buen fin para la humanidad, es decir, si se orienta a reencontrarse con su frónesis.
No puedo reprimir mi interés de acudir a las ideas de una de mis filosofas predilectas – de paso recomendar sus obras – María Zambrano, pensadora hispana muy influyente que perteneció a la denominada Generación del Toro, de la que fue integrante el poeta Luis Cernuda. Primeramente, debo hacer ver que este comentario se origina en los actuales acontecimientos geopolíticos que afectan la convivencia mundial, en la que la tecnología muestra sus aristas en las comunicaciones como en la maquinaria de guerra.
Reafirmo lo imposible de mi propuesta para ver la tecnología más que centrándose en sus acciones valorarla por sus fines. Una manera de romper dicha imposibilidad es aplicar con virtud una “recta ratio” es nuestro quehacer académico y extensible a nuestro hacer cotidiano. Para poder aplicar esta habilidad en un correcto actuar, tomando las decisiones que consideran nuestras experiencias y conocimientos, sin olvidar el contexto en que emitimos juicios justos e imparciales, es aquí donde recomiendo aplicar lo que Zambrano ha denominado “Razón poética”.
La razón poética en María Zambrano es una invitación para aplicar un método que integra lo racional y lo poético, como una nueva manera de comprender la realidad, integrando el dinamismo poético y considerando una razón nueva y creadora sin desconectarse de nuestro sentir.
Un segundo aspecto es mencionar el concepto de democracia en Zambrano, especialmente cuando observamos las dificultades que esta forma de gobierno esta enfrentando tanto a nivel nacional como internacional. La propuesta de esta filosofa es que más de ser una formalidad gubernamental en derecho constitucional, la democracia deberíamos verla como un “modo de estar” con los demás ciudadanos, es decir en palabras simples como un “modo de convivir”.
Zambrano a lo igual que Weil nos llama a considerar al ser humano como un ser que cobija dentro de sí un “vacío” que ha de completarse a lo largo de su existencia, este hacer necesita de la sabiduría práctica para llenarse, sin perder la esencia de lo que nos caracteriza como seres humanos. Sin dudas esto es un anhelo que se sustenta en la esperanza de una buena vida para la humanidad.
Bibliografía
- Arendt, Hanna. 1998. Los orígenes del totalitarismo. Ed. Taurus. pp. 366s
- Zambrano, María. 2018.Hacia un saber sobre el alma. Ed. Alianza Literaria. Madrid.
- Bundgaard, Ana. 2000. Más allá de la filosofía. Sobre el pensamiento filosófico-místico de María Zambrano. Ed. Trotta. Madrid.
- Elena Postigo Solana. El_advenimiento_del_hombre_nuevo_Revista.pdf
Retrato de María Zambrano: Elaboración del autor.






