"Veritatis simplex oratio est"

Séneca
Showing posts with label Teología. Show all posts
Showing posts with label Teología. Show all posts

Sunday, April 07, 2024

Reflexión sobre la Resurrección (2024)

 Si estamos de acuerdo que la resurrección de Cristo es un hito de la mayor importancia en el mundo cristiano, tenemos que preguntarnos qué deberíamos saber de ella. De aquí que me propongo hacer una breve revisión documental partiendo por lo que señala El Catecismo de la Iglesia: “La muerte es la separación del alma y del cuerpo, el cuerpo cae en la corrupción, mientras que el alma va al encuentro con Dios, en espera de reunirse con su cuerpo glorificado”, agregando que “Dios en su omnipotencia dará definitivamente a nuestros cuerpos la vida incorruptible uniéndolos a nuestras almas, por la virtud de la resurrección de Jesús” (997)

Desde la mirada de un creyente laico no sería extraño que esta afirmación fuera difícil de entender, porque la resurrección del cuerpo es una verdad sobre un acto de fe, que obliga a esforzar nuestra razón para integrar el realismo con que se declara el credo cristiano. Reflexionar sobre la verdad evitando caer en escepticismo y en la negación del pirronismo de que podamos alcanzar la comprensión de una verdad absoluta y que ella se circunscribe a una época histórica definida en la cual tendría validez, es decir que conlleva un relativismo histórico.

En este punto me apego a la filosofía introductoria de Julián Marías, que nos muestra esa condición del ser humano de futurizar el sentido de su existencia, pues él no se satisface con que la verdad quede circunscrita únicamente a sí mismo. Es así como, la esperanza que nos da la resurrección del Cristo pueda entenderse desde una perspectiva trascedente para nosotros, sin dejar de ser una verdad que se constituye en nuestra propia vida y que se comparte con los demás. 

La vida humana tiene en la resurrección una buena noticia que le muestra la oportunidad de mirar la belleza de este mundo, más allá de las circunstancias que nos provoca nuestros tropiezos cotidianos, donde el dolor y la enfermedad pueden ser derrotados por el sentido de trascendencia, que anuncia nuestro reencuentro con lo absoluto y eterno, comprendiendo que la incertidumbre se anula en la esperanza que nos permite entender que la resurrección es un concreto al cual podemos atenernos.

Bibliografía

- Marías, Julián. Introducción a la Filosofía. Ed. Manuales de la Revista Occidente. Madrid, España

- Catecismo de la Iglesia Católica: https://www.vatican.va/archive/ccc/index_sp.htm


Friday, May 22, 2020

Reflexionando desde el Eutifrón en tiempo de Pentecostés


En tiempo de Pentecostés en que el mundo cristiano celebra el día de la manifiesta venida del Espíritu, lo que representa la consumación de la resurrección del Cristo, y teniendo como hecho comunicativo que el Espíritu Santo revela a los seres humanos una serie de dones a través de la Gracia de Dios. Entre esos dones está la piedad y la sabiduría.

Pienso que es difícil separar lo numinoso que podemos encontrar en el sentido de Pentecostés, lo que llevaría a un rápido rechazo por la razón tal como lo fue para los contemporáneos de Sócrates, para aceptar su sentido mítico de lo religioso a su idea del daimon. Por tanto, no a de extrañar que Sócrates haya sido acusado de sacrilegio en contra de las creencias de su época por falta de piedad.

Para mi reflexión personal sobre estos dones utilizaré mis lecturas del diálogo Eutifrón de Platón, entendiendo que éste nos regala la oportunidad de seguir su derrotero ético y su saber generoso para acercarnos al entendimiento de la piedad. Para ello, primero me haré cargo de una pequeña introducción al diálogo platónico, y luego lo relacionaré brevemente con la celebración de Pentecostés, desde la mirada de la gracia divina.

Eutifrón es una conversación entre el propio Eutifrón y Sócrates, en que deliberan sobre dos procesos en que se ven cada uno envuelto, el primero es un acusador de excepción de homicidio en contra su propio padre, en cambio el segundo, se convertirá en reo de una acción judicial pública acusado de corromper a los jóvenes.

El diálogo de Eutifrón tiene como principal propósito encontrar una definición de la piedad, en cuya plática Sócrates manifiesta su agudeza para profundizar sobre ella, a través de su prodigiosa mayéutica de la cual afirmaba que proveía de su “madre”: como señala José Ferrater Mora: “Por medio de sus constantes interrogaciones, Sócrates hacía surgir dondequiera lo que antes parecía no existir: un problema. De hecho, toda su obra se dirigió al descubrimiento de problemas más bien que a la búsqueda de soluciones. El problema hacía desvanecerse los falsos saberes, las ignorancias encubiertas, las inauténticas satisfacciones”.

Además, suma su infaltable ironía que en palabras de Romano Guardini: “busca intranquilizar el corazón de los hombres y ponerles en tensión, para que a través de ella se produzca ese movimiento hacia la verdad-bien en el interlocutor mismo, bien, si este no se deja ayudar; en el oyente", en este caso ante la experticia de Eutifrón quien presume su utilidad y diferenciación ante el común de los hombres, dado que conoce "las cosas con exactitud” (5a).

Cabe mencionar que la ironía de Sócrates no se constituye en un desprecio por el prójimo, sino que ella es una manera elegante de liberar al otro, compartiendo la búsqueda de la verdad. Sócrates siempre tiene presente que “sabe que no sabe”, y en esto esta la grandeza de su soberanía interior.

Sócrates busca en este diálogo impugnar la acusación desde la justificación lógica de Eutifrón, mostrándole que la acción en contra de su padre olvida los deberes de naturaleza humana y las obligaciones de parentesco sanguíneo que se derivan de ello. Kant lo señala como imperativo incondicionado ante el formalismo de la ley, considerando la excepcionalidad por razones de parentesco.

Sócrates solicita a Eutifrón que le aclare qué es lo que entiende por piadoso e impío (5e), luego prosigue preguntando si lo piadoso lo es por serlo o depende de la aprobación divina (10a). Sócrates centra este asunto en el campo de la causalidad para aclarar que no es el efecto la causa de una acción; como lo piadoso; sino que la acción es la causa de este efecto. De esta manera lo piadoso en el contexto de la religiosidad griega según Sócrates no debe quedar definido por si agrada a los dioses, sino que por su naturaleza.

He aquí un punto de actualidad para la vivencia cristiana de Pentecostés, en especial en estos días en que el mundo necesita tanto la capacidad de entendimiento para superar la pandemia, donde se demanda sabiduría para enfrentar con caridad la precariedad de ciertas estructuras sociales en nuestras comunidades.

Tomemos en consideración las epístolas a los Gálatas y Romanos especialmente si podemos encontrar en sus lecturas que opondrán la Gracia a la ley, es decir, primero el perdón a la exigencia de justicia que el hombre debe realizar como base de sus relaciones con Dios; pero también la vida en “el amor de Dios” derramado en nuestros corazones por Espíritu Santo que nos ha sido dado (Rom 5,5).

Consciente de la distinción histórica de la Gracia es que me adhiero en este comentario al concepto de Gracia “gratum facientes”, es decir, cuyo efecto inmediato es quien las recibe es el ser introducido en la amistad con Dios, que regala la capacidad de ceñirse a una correcta realización de los dones que derrama la Gracia.

Hagamos un corolario considerando el don de la piedad al servicio de la caridad, no sólo una virtud de la religión como una forma de justicia hacia Dios, sino que hacer de nuestro diario vivir un ejercicio piadoso. En tiempo de Pentecostés podríamos utilizar la habilidad para encontrar en nosotros la presencia de dones como la piedad, la sabiduría y el entendimiento entre otros, buscando que nuestras relaciones con el prójimo converjan en una comunión fraterna en el interior de la caridad divina derramada en nuestros corazones por el Espíritu Santo (Rom 5,5).

Bibliografía:
Platón. 1966. Eutifrón o de la Piedad.Ed.Aguilar. Buenos Aires, Argentina.
Ferrater M, José. 1958. Diccionario de Filosofía. Editorial Sudamericana. Buenos Aires, Argentina.
Bouyer, L.2002. Diccionario deTeología. Editorial Herder.Barcelona, España.
Guardini, Romano.2016. La muerte de Sócrates. Ediciones Palabra. Madrid, España.
Biblia.1903. La Santa Biblia. Versión de Cipriano de Valera. Madrid, España.

Sunday, October 14, 2018

Dar voz a la relidad, de los sin voz


Hace una semana concurrí a la conferencia dictada por el Dr. Diego Molina sj, especialista en eclesiología y académico de la Universidad de Granada, España, donde se reflexionó sobre la crisis que vive la iglesia católica, la que aseguró no estar causada únicamente por las repudiables acciones de connotación sexual de algunos religiosos. Con lo cual podemos estar de acuerdo en primera instancia, más no en la importancia mayor que tiene estas acciones frente a otras causas de la crisis eclesial.

Tengo la percepción de que de alguna manera el alejamiento de algunos creyentes de los templos no sólo ha sido afectado por  el pluralismo de las sociedades y la incapacidad de la Iglesia de conformarse como real comunidad, como lo mencionó el Dr. Diego Molina sj., y especialmente porque dicho distanciamiento no ha sido comparable estadísticamente con la disminución de la religiosidad de las personas. Aunque si concordamos que es bastante probable  que la baja concurrencia a los templos se deba a que los esfuerzos pastorales de los sacerdotes no hayan sido del todo fecundos.

Desde mi mirada de observador externo, aunque es aceptable la influencia que ha tenido el secularismo sobre dicho alejamiento; como lo señalo unos de los presentes; también lo ha sido el fideismo y clericalismo exacerbado al no seguir los caminos trazados por el Concilio Vaticano II, es evidente que las jerarquías de la iglesia han desoído el mensaje de los signos de los tiempos históricos pastorales, considerando que la crisis tiene que ver con la preocupación que han privilegiado por el funcionamiento del poder y la falta de promover mecanismos de participación de la comunidad.

 Más allá de lo reflexionado en esta conferencia, posteriormente me ha provocado una inquietud intelectual en dos aspectos. El primero nace de la necesidad que la iglesia tome con honradez real el camino de la opción por los pobres, pues este es el mensaje de un Jesús histórico que enfrento la ceguera culpable (Mt 7,3) y la hipocresía (Lc 11, 37-53), dada la relevancia que tiene para Dios Padre la verdad (Jn 1,14).

Un ejemplo es el camino de verdad y vida (Jn 14,6) que siguió hasta su asesinato el obispo Oscar Arnulfo Romero de El Salvador, quien defendió a los pobres y denunció ante el mundo las injusticias sociales de su pueblo, y que este último domingo  ha sido canonizado por el Papa Francisco. En este hecho cobran fuerza las palabras del teólogo Karl Rahner de que “la realidad quiere tomar la palabra[1], y que en el caso particular de San Oscar Romero, fue su misión pastoral de dar voz a la realidad, como lo señalo: “Estas homilías quieren ser voz de los que no tienen voz[2].

El segundo aspecto es responderse la pregunta de la necesidad de la existencia de Dios (teodicea), o en su defecto sostener el sentido de la vida en un humanismo (antropodicea). Por cierto, es un tema que no podré desarrollar en este breve comentario, donde hay al menos dos intereses contrapuestos entre los que no se cuestionan la existencia de Dios, quizás para no debilitar su creencia religiosa, y otros que niegan su existencia sin abordar una argumentación que la ciencia no le puede dar con certeza. Agrego sí, que una visión de fe no impide la duda, ni la necesidad de razonar una respuesta a la presencia de Dios.

Finalizo con un mensaje de Ignacio Ellacuría, en el cual nos muestra que en la academia deberíamos asumir la responsabilidad de dar la palabra a la realidad, pues “la universidad debe encarnarse entre los pobres intelectualmente para ser ciencia de los que no tienen voz, el respaldo intelectual de los que en su realidad misma tienen la verdad y la razón, aunque sea a veces a modo de despojo, pero que no cuentan con las razones académicas que justifiquen y legitimen su verdad y su razón[3], es decir debemos dar voz a sus realidades teniendo voluntad por la verdad.


Bibliografía:



[1] Rahner, Karl. 1962. Para una teología del símbolo. Escritos de teología. Editorial Taurus. Madrid, España. pp.283-321.

[2] Romero, Oscar. Homilía del 29 de julio de 1979


[3] Ellacuría, Ignacio. 1982. Discurso de graduación en la Universidad de Santa Clara. Carta a la Iglesia 22. pp.11-15

Friday, March 30, 2018

Breve reflexión de Semana Santa sobre la muerte o quizás la vida


En estos días de Semana Santa me pregunto sobre el sentido de la muerte, si es posible otra vida. O quizás debiera cambiar la pregunta sobre la vida, no lo se. Y como dicen los versos de Heine: Y seguimos preguntando / una y otra vez / hasta que un puñado de tierra / nos calle la boca… Pero, acaso esto es una respuesta  para concluir definitivamente con el continuo no saber (ignorabimus).

Aunque el cristianismo no puede dar una respuesta definitiva si alimenta la esperanza desbordante a través de los siglos, con su promesa histórica que no sólo hay salvación sino que hay otra vida más allá de esta vida. No encuentro una oportunidad distinta para aquellos que han dejado la vida luego de sufrimientos y dolores sin haber encontrado un espacio terrenal de felicidad. Metz nos lo recuerda en las palabras de E. Wiesel al referirse al holocausto “Auschwitz jamás se puede comprender con Dios; Auschwitz no se puede comprender sin Dios”. Por cierto, ellos necesitan más que varios de nosotros de la justicia divina de un más allá.

Si el Jesús histórico clamó en su debilidad ante el Padre por su sentimiento de abandono, lo que es un halo esperanzador para al menos no negarse a este crucial compromiso cristiano con la promesa de otra vida. Cabe reflexionar mejor este hecho deteniéndonos un momento en las palabras de Pascal, cuando nos afirma que es “incomprensible que exista Dios, e incomprensible que no exista”, y luego continuar con las palabras de Unamuno “un miseré, cantado en común, por una muchedumbre, azotada del destino, vale tanto como una filosofía”.  
folleto Iglesia San Carlo al Corso, Roma

Quizás lo que debamos aprender a esperar como nos sugirió E. Bloch, quien paradojalmente era ateo y marxista, escribió su obra monumental bajo el título: “El Principio de la Esperanza”, donde está enfrenta su límite: la muerte. Bloch ante la partida prematura de su mujer, definió la muerte como el hacha de la nada que se devora toda teleología, por cuanto para él la esperanza del hombre está en la vida , en la experiencia que ella nos da en la tierra, en palabras tiernas la esperanza puede encontrarse por ejemplo en la voz de Amira Willighagen o en la sonrisa de un bebé humano. No hay adventus en esta mirada escatológica porque la resurrección está ausente.

Nada más contrario a lo que esta semana medita el mundo cristiano, donde la resurrección es el centro de su mensaje esperanzador y salvífico, pues ella nos libera del miedo al vacío existencial (horror vacui), quizás sea este el momento de asumir como punto de partida  al gran protagonista  del mundo cristiano: Jesús de Nazaret, como hecho histórico y divino siguiendo las recomendaciones de H. Kung, por sobre todo hoy que vivimos la vorágine de la modernidad.

Que la paz sea con ustedes….

Bibliografía: 
 
Metz, J.B. 1996. E. Wiesel, esperar a pesar de todo. Ed. Trtta, Madrid, España p. 99
Pascal, B. 1967. Pensamientos: fragmento 130. Ed. Austral. Madrid, España
Unamuno, M. de. 1950. Obras Completas: Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos, Ensayos. Ed. Afrodisio Aguado S.A. Madrid, España. Tomo IV p. 474
Bloch, E. 2007. El Principio de la Esperanza. Ed. Trotta, Madrid, España.

Kung, H. 2012. Ser Cristiano. Ed Trotta, Madrid, España

Friday, April 14, 2017

Semana Santa: Sentido de la vida


En estos días de Semana Santa es habitual iniciar una reflexión para descubrir su sentido, y más precisamente de la vida: ¿Por qué existo? ¿Para qué existo? ¿Para quién existo?,  al parecer algunos de nosotros estamos condenados a enfrentar esta pregunta sobre el sentido de la vida, aspecto que puede conducirnos a una situación absurda al mostrarnos una arista trágica si no logramos resolverla.

Por cierto para un creyente sólo Dios podría juzgar si nuestras vidas son absurdas, no los humanos, que no pueden ver sus vidas sin estar insertos en ellas mismas. Además, la realidad no podría ser absurda de la misma forma en que lo son algunas partes, porque no habría un trasfondo de sentido sobre el cual compararla.

Comprendemos que el sentido personal de la vida está forjado por deseos, emociones y valoraciones , los que de alguna manera orientan nuestra vida. Pareciera que además debemos mencionar que más allá de los sentimientos básicos, tenemos un sentido trascendental de la vida que depende de ciertos factores que nos son comunes a todos, los que están fuera de nuestros sentimientos básicos, en palabras de Budha el sufrimiento, el envejecimiento y la muerte son al menos tres aspectos que debemos considerar, ante la propuesta de un sentido trascendental de la vida humana. 

Seguramente estarán de acuerdo conmigo que esta es una mirada de factores negativos, por consiguiente debemos prever que hay aspectos no considerados que hacen necesario no sólo ver el problema de las mortificaciones(1); de las cuales por lo general se hacen cargo las religiones, sino que inferir el problema del sentido trascendental de la vida al cual no todos nos adherimos.

Quizás este sea el momento oportuno para preguntarnos, si nuestra percepción religiosa responde a la pregunta por el sentido de nuestras mortificaciones, de nuestro sentido personal y por consiguiente al sentido trascendental de la vida humana. Cabe señalar que quien no vaya más lejos de su sentido personal no será menesteroso de una justificación trascendental, siempre que se mantenga en él.

Además, puede que sea importante aclarar que cuando hablamos del sentido de la vida, no nos estamos refiriendo al valor personal o trascendental que le damos a la vida, lo cual nos puede llevar por derrotero bastante más complejo, lo que supera las expectativas reflexivas de este artículo, que no pretende resolver la pregunta de si puede tener valor una vida personal sin sentido trascendental, o así mismo puede tener sentido personal una vida sin valor trascendental.

Pero, podemos obviar las mortificaciones de situaciones como la de Siria. Acaso necesitamos saber quién tiene la razón, como justificación para tranquilizar nuestros espíritus, no lo pienso así: El valor de la vida debe estar por sobre estas justificaciones, ella es la verdad que debe imperar. Como nos señala Jorge Costadoat: “… Los cristianos son tales cuando su Cristo consiste en Jesús. Este Jesús que une y que divide, el Cristo del Viernes Santo, hoy más que nunca, convoca a creyentes y no creyentes a resistir la violencia de los codiciosos que se están apoderando del planeta y desplazan de sus tierras a pueblos enteros”.(2)

Desde mi experiencia personal; aunque pierda objetividad; el camino revelador de la iluminación necesaria para acercar respuestas a mis preguntas, tiene un carácter esencialmente vivencial, en donde mi racionalidad se enfrenta a un escenario inefable con el misterio de la vida y, aquí concuerdo con Wittgenstein de que el misterio no es lo mismo que el absurdo, donde el lenguaje religioso versa sobre imágenes y no sobre hechos, que incluye una forma de vida con un sentido profundo.

Ser creyente es una forma de vida; como lo puede ser del no creyente; lo que implica aceptar la validez de una verdad que da sentido y valor a nuestras vidas buscando ese sentido más profundo, pues la religiosidad esta sustentada en la convicción de que los principios de la religión son verdaderos, entendiéndose que ella no es únicamente un conjunto de normas para llevar una buena vida, sino que ella debe darnos respuestas al sentido de lo personal y trascendental.

Es aquí cuando los versos de Fakhr al-din `Iraqi fluyen cuando cantan que “ya no tengo leyes y reglamentos, no tengo corazón ni religión que me ate. Solo yo y tu permanecemos, sentados en la esquina de la riqueza en la pobreza. ¿Qué diferencia hay si termino rezando en una Iglesia o en La Mecca? Una vez que me he abandonado a mi mismo, ¿qué diferencia puede haber entre unión y separación?
Siento que el amor está muy presente en la respuesta sobre el sentido de la vida,  si caemos en la acedia del desamor y nos cobijamos en la melancolía no sólo podemos perder el sentido de nuestra vida, sino además llegar a la conclusión de que una vida sin sentido personal no vale la pena y considerar el suicidio. No tengo dudas, que amor es el camino para traspasar la frontera del Otro, para encontrarse con su alteridad irreductible, en actos de trascendencia vivencial que nos regalan un espacio compartido alejado de la soledad.

En el contexto de mi recuerdo del Atrio de los Gentiles propuesto por Benedicto XVI, hace unos días atrás el filósofo Ignacio Sepúlveda daba una conferencia en el Centro San Hipólito de Córdoba(3), cuyo tema se centraba en la fe y la sociedad, de cómo se manifiesta la religiosidad, y nos indicaba una serie de principio que no se contraponen a los Estados laicos, tales como: Libertad e igualdad, participación, bien común y solidaridad. Todos confluyen en la importancia de reconocer que la vida en sociedad se llena de sentido cuando nos reencontramos con el otro, abriendo nuestros corazones en el amor de una amistad verdadera.

Si la vida es una antesala a la muerte o como lo indicó Heidegger “somos seres para la muerte”, más es esta misma Muerte que Cristo nos invita a darle una oportunidad de trascendencia a través de su Resurrección. En estos días de Semana Santa con la debida humildad de un caminante que hace camino al andar, que entiende las palabras del Budha antes señaladas, es que me entregaré a la oración para encontrar una respuesta en el aporte que nos entrega la verdad de la Esperanza,  teniendo presente que “Cristo le gusta que prefiramos la verdad por encima de Él, porque siendo Cristo, Él es la verdad”(4)  lo cual se puede creer o dudar pues no son estos actos incompatibles.

Que estén Bien.

Referencias:
 1.- Uso la terminología de “Sentido de las mortificaciones” para las miserias humanas y de “Sentido Trascendental de la vida humana” que consiste en esclarecer la existencia humana en su totalidad, obtenido de la obra de: Hurtado, Guillermo. 2016. Dialéctica del naufragio. FCE, México.

2.- Jorge Costadoat, sj: http://jorgecostadoat.cl/wp/

3.- Ignacio Sepúlveda: Cómo cristianizar una sociedad

Descripción: https://mail.google.com/mail/u/0/images/cleardot.gif


4.- Simone Weil:  Cita en Hurtado, Guillermo. 2016. Dialéctica del naufragio. FCE, México. p.59

Friday, March 25, 2016

Reflexión personal Semana Santa 2016


En los tiempos que vivimos, en que la violencia parece no ceder sus espacios históricos a la convivencia pacífica, la presencia de Dios pareciera haberse tornado irrelevante para muchos, ignorando o denostando a los creyentes, que el sufrimiento humano sigue favoreciendo a unos y a otros, no importando la fe en un ser superior.
El cuestionamiento se hace evidente ante los últimos actos de violencia, en que la indiferencia de Dios ante ello es una prueba de la duda razonable de su existencia, más aún cuando grupos fundamentalistas religiosos, cometen actos que privan la vida de seres inocentes en justificación de un mandato divino.
Ludwig Wittgenstein que por Bertrand Russell fue considerado el ejemplo perfecto de un genio, vivió esta disyuntiva aún siendo un filósofo que tenía el convencimiento de que la fe era un bien necesario para alcanzar la felicidad, aunque siempre se resistió a que para ello hubiera la necesidad de renegar de la razón.[1]
Me pregunto si el uso de nuestra razón justifica; especialmente para quienes hemos tenido los espacios para reflexionar, desde una plataforma técnica o profesional, de la cual vanidosamente podemos echar mano para cerrar las puertas a un sentido trascendente en nosotros de la preexistencia de Dios. Mi respuesta respetuosa de quienes decidan lo contrario es: No.

Acaso la proclamación vulgarizada de Friedrich Nietzsche de la muerte de Dios, nos ha dado la conformidad de sentido existencial. Además, de recordar la conocida frase de Max Horkheimer: “El intento de salvar un sentido incondicionado al margen de Dios, es vano”.[2]
En época en que el Papa Francisco nos ha convocado a un año jubilar que ha llamado de la Misericordia,[3] me parece oportuno recordar las palabras de Inmanuel Kant en que nos señala que la dignidad humana se sostiene en la existencia de un Dios misericordioso, que nos socorre espiritualmente  para afrontar las dificultades de estos días.[4] Por cierto que afirmar esto no  tiene la intencionalidad de aportar una prueba de la existencia de Dios, más bien es un aliento esperanzador que alimenta nuestra fe en el crecimiento y encuentro de sentido de lo humano que hay en nosotros.
En estos días de recogimiento religioso del mundo cristiano, estimo que se abren nuevamente las puertas para reflexionar y por sobre todo reiniciar la búsqueda; más allá de la pregunta de la existencia de Dios, dándonos cuenta desde el reconocimiento del otro,[5] que más bien debemos encontrar ese camino de esperanza de un Dios “rico en misericordia”[6],, pues solo un Dios Clemente y Misericordioso puede ser un anuncio de consuelo constructivo para los tiempos que hoy vivimos.


[1] Jareño A., Joaquín. La tumba del filósofo. Devenir. XIV Premio de Ensayo Miguel Unamuno 2012. España

[2] Horkheimer, Max. Anhelo de Justicia. Teoría crítica y religión. Edit. Sánchez, Trotta, Madrid. 2000.

[3] Papa Francisco. Bula  Misericordiae Vultus

[4] Kant, Inmanuel. La religión dentro de los límites de la mera razón.Alianza, Madrid. 2012

[5] Hubert, André. Conferencia La Misericordia. Programa celebración Semana Santa 2016. Universidad Católica del Norte. Utilizando la idea desarrollada en la conferencia de que la misericordia es darse cuenta y colocarse en el lugar del otro


[6] Ef 2,4

Friday, April 03, 2015

Meditación de Semana Santa

-->
Por cierto que los cristianos, esperemos que así sea, tienen claro lo que un Viernes Santo implica como día de meditación. Pero que significa para aquellos que no lo son, pero que están entre los que reflexionan sobre el sentido de sus vidas, o sencillamente son aquellos de los que buscan responder a las preguntas: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? Hacia dónde voy?
Caravaggio
La respuesta a cada una de estas preguntas quizás sea lo que nos da sentido a nuestro “mundo de la vida”[i], o quizás sea una razón más que nos obliga a construir un argumento en el corazón de nuestra comunidad que ofrezca un sentido de vivir. Para reflexionar sobre el meditar cristianamente recurriré a las palabras de Hans Urs von Balthasar, quién inicia una introducción sobre este tema con la interrogante siguiente: “La cuestión decisiva de la que todo depende es si Dios ha hablado a los hombres –sobre sí mismo, naturalmente, y también sobre su plan con respecto a la creación del hombre y de su mundo- o si lo absoluto, más allá de todas las palabras mundanas, sigue siendo el silencio”[ii]
Si prevalece lo primero es claro en que estamos en el camino de lo bíblico y de los libros sagrados de las tres religiones monoteísta, como son la Judía, la Cristiana y el Islam. Sin embargo, si lo que surge es lo segundo entonces el camino queda a la medida de la acción y voluntad de los hombres, en un contexto de deficiencia esperanzadora de un más allá.
Así tenemos que para un creyente "la palabra" de los libros sagrados son la fuente del conocimiento del absoluto, es lo divino que se revela como verdad . Así nos acercamos al Espíritu de Dios, aunque no a su intimidad. [iii]  De aquí que con humildad razonable podamos decir que Dios con su palabra revelada quiso dar sentido a la vida del hombre, sin sacarlo de su contexto, y Jesús fue el camino elegido por Él.
 En este sentido von Balthasar destaca  a este Dios que nos habla a través de sí mismo, teniendo presente la carta a los Hebreos: "Muchas veces y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros padres por medio de los profetas; en los últimos tiempos nos ha hablado( a todos nosotros) por medio del Hijo a quien instituyo heredero de todo, por quien también hizo los mundos; el cual, siendo resplandor de su gloria e impronta de su sustancia, … después de llevar a cabo  (por su cruz) la purificación de los pecados, se sentó (después de la resurrección) a la diestra de su Majestad en las alturas , con una superioridad sobre los ángeles tanto mayor cuánto más les supera en el nombre que ha heredado".[iv]
El Greco
Como hombre de mi tiempo y lugar en mi experiencia meditativa, he aprendido que este camino introspectivo no necesita de un sofistificado ritual, pero si debe llevar contenido, como la gracia de existir y con ello el sentido de vivir. Cabe recordar que en los tiempos en que vivimos, algunos sólo sobreviven olvidando que el tiempo es Tao y no dinero como parecieran entenderlo esos humanos de hoy.
En estos días de conmemoración de la Resurrección de Jesucristo es esencial recordar que el cuerpo de Cristo es  inseparable de la palabra de Dios, este aspecto se corresponde en plenitud con el acto de meditación cristiana, alimentado en el hontanar de la vivencia de la Eucaristía como acto de fe, en el cual se compromete la divinidad-humanidad de Jesús en la profundidad subjetiva de nuestro yo, con una meditación que no se limita a una idea de Dios, sino que a un Dios que resucita y que muestra el camino salvífico que da sentido a la vida humana.
 Finalmente en estos días de renovación del compromiso por una vida recta[v], en la palabra de un Dios que habla; más allá de la religión que se profesa, lo que me habla en estas horas de meditación cristiana no es el significado sino que lo significante de las palabras del Cristo.




[i] Mundo de la vida es un concepto que tomo de la idea escuchada en una conferencia del Prof. Guillermo Hoyos Vásquez en su explicación de la teoría de acción comunicativa de J. Habermas.
[ii] Hans Urs von Balthasar, 2002. Meditar cristianamente. Ediciones Encuentro S.A. Madrid, España. p. 5
[iii] 1 Cor 2,11
[iv] Hb 1,1-4
[v] Uso este concepto en la idea de S. Kierkegaard ante la pregunta ética fundamental por el logro o malogro de nuestras vidas, teniendo presente su propuesta de “poder ser sí mismo”

Monday, September 08, 2014

¿Existe Dios?


Por cierto que es una dificultad que me pregunten que cómo es posible que siendo una persona inteligente crea en Dios. Un problema inmediato de esto es dar por aceptado que soy una persona inteligente, lo cual evidentemente no lo se, ni me interesa saberlo. Acto seguido es necesario aclarar que la acción de creer es una actitud de desarrollo voluntario, que es menesterosa de la perseverancia de ser motivada continuamente por la razón.
Antes de intentar dar una respuesta teológica a la problemática de la existencia de Dios, en la que utilizaré mis humildes herramientas obtenidas del manantial  que fluye de mis lecturas personales,  me he propuesto recordar al poeta Paul Claudel quién bajo el paradigma del cientificismo de su época perdió la fe en Dios.
Claudel aunque se nos aparezca como una paradoja es conducido por Rimbaud hacia lo sobrenatural, lo cual se une a su experiencia “mística” que le ocurre en una de sus visitas a la catedral de Notre Dame, que  provoca en él un impacto tal que lo instala nuevamente en el camino de la fe, esa vivencia de conversión queda descrita con sus propias palabras así: “Al intentar reconstruir, como lo he hecho a menudo, los minutos que siguieron a aquel instante extraordinario, encuentro los elementos siguientes que, sin embargo, formaban un solo relámpago, una sola arma de la que se servía la Divina Providencia para alcanzar y abrir, por fin, el corazón de un pobre muchacho desesperado: ¡qué dichosas las personas que creen! ¿Sí en verdad fuera cierto…? ¡Es cierto! Dios existe. Está ahí. ¡Es alguien! ¡Es un ser tan personal como yo! Me ama. Me llama”[i].
Debo confesar ante ustedes que la poesía de Claudel me transporta hacia una dimensión sobrenatural donde lo humano se relaciona con Dios, o quizás donde sus versos me acogen llamándome hacia Él. Aun así reflexiono que la respuesta a mi teodicea esta en la teología más que en la poesía, a través de las palabras enunciados por algunos de los más connotados  teólogos cristianos.
Parece ser que la pregunta inicial sobre lo inteligente desconoce que justamente es al revés, que para creer en la existencia de Dios se necesita una inteligencia, que permita encontrar las pruebas satisfactoria de la existencia de ese “Algo superior”. Cuando señalo esto estoy recordando las ideas de Nicolás de Cusa, cuando nos ayuda a reconocer que la inteligencia, en todos los hombres, es en potencia todas las cosas, y crece gradualmente de la potencia hacia el acto según se encuentre en mayor o menor potencia. Pero el máximo, dado que este es la realización plena de toda potencia intelectual, por el hecho de existir plenamente en acto, no puede existir de ninguna manera si no es concebido como Dios.[ii]
Bueno, considerando los connotados teólogos a los que me he referido antes, intentaré aportar la primera prueba de la existencia de Dios, por  tanto la que mencionaré primero es la ontológica que corresponde a San Anselmo de Canterbury, en la cual si alguien piensa en Aquello de lo cual nada mayor es posible pensar, no cabe otra idea que debe existir en algo tanto en el pensar como en la realidad, entonces lo mayor existe sin lo cual nada puede pensarse, y que lo reconocemos como Dios.[iii]
La segunda prueba que aportaré es la que expone Santo Tomás de Aquino en su Suma teológica [iv], que corresponde a cinco tesis:
a.- La primera tesis señala el argumento del motor no-servido donde el ser no es todavía.
b.- La segunda tesis corresponde al argumento de la causa eficiente, donde ya se trata del ser, pero en relación a  su termino mismo
c.- La tercera es el argumento de necesidad y contingencia del ser ya constituidos
d.- La cuarta tesis corresponde a los grados diversos del ser, que nos permite alcanzar el ser en su más alto grado
e.- La quinta es el argumento de las causas finales que trata  del perfeccionamiento del ser por su finalidad teleológica.
   Si quisiéramos resumir estas cinco tesis lo que se buscaría sería relacionar el ser con una realidad concreta cuyo fuerza de su argumentación está en la razón natural.  Finalmente me queda aportar la Prueba de Juan Duns Scoto[v] que a diferencia de Santo Tomás no se sustenta  en una realidad existente sino que en una idea metafísica que nos dice que el principio de causalidad es necesario y universal, ya que no hay efecto alguno sin causa, pues todo lo que comienza a existir tiene una causa.
Duns Scoto divide las causas en esencial y accidentalmente subordinadas donde la primera produce el efecto a través de su propia naturaleza a diferencia de la accidental que no es una causa porque sólo llega a serlo de manera accidental. Esta división le permite en las primeras afirmar que es posible entre los seres alguna causa eficiente y primera, que ni es efectible ni causa en virtud de otro.
Si atendemos en nuestro saber que “hay algún ser posible, ya sea por sí, o por otro, o por nadie”, es claro que esta última es absurda pues la nada no puede producir algo, y en el caso de la primera tampoco es aceptable porque nada puede producirse a sí mimo. Por tanto, es necesario que el ser posible lo sea por otro. Esto obliga a Duns Scoto a replantearse que debe haber un momento de ascendencias en las causas por otro, en que lleguemos a una causa primera totalmente inefectible que no provenga de otra, sino que de sí misma, porque la infinitud ascendente es inadmisible y por tanto la Primera Causa eficiente debe existir.
Me he propuesto no profundizar en demasía en este artículo, considerando que ello aumenta la probabilidad de que no sea leído. De aquí que concluiré ahora  aunque antes me haré  cargo de la diversidad religiosa monoteísta de quienes creen en la existencia de Dios, y que se han empoderado con ser los que poseen la verdad y el camino hacia Dios.
Para lo anterior me basaré en el “Libro de gentil y los tres sabios”[vi] del catalán Ramón Llull, de quien puedo asegurarles que su planteamiento del diálogo interreligioso es el más profundo y bello que he conocido. La trama nos conduce a la historia de un gentil de buena fe quién se encarga de preguntarles a tres sabios, entre los cuales hay un cristiano acompañado de un judío y un sarraceno, cada uno de estos tratan de mostrarle al gentil de los beneficios de adorar a Dios según sus propios caminos.
Ramón Llull nos ofrece en su libro “la razón y la forma de iluminar al entendimiento turbado y de despertar a los que duermen para que, sean estos ajenos o propios, se abran al conocimiento preguntándose qué ley les parece que fue la elegida por el gentil para ser agradable a Dios”. En definitiva Llull no nos deja explícito si el gentil ha elegido una de las religiones, pero si muestra ante los sabios que el gentil ha descubierto al Dios único y verdadero, lo cual queda expresado con las siguientes palabras “… adorar y bendicir y agradecer a su señor y su creador … Y era tan grande la devoción que (los tres sabios) veían en el gentil, que en su alma les remordía la conciencia, acusándolos de los pecados en que habían perseverado: más aún al constatar cómo el gentil, en tan poco tiempo, había llegado a tener una tal devoción que lo llevaba a glorificar el nombre de Dios, mucho mayor que la de ellos que habían tenido el conocimiento de Dios de mucho antes”.
Por cierto ustedes saben que no soy un gentil, y hace toda una vida que siento que el camino hacia Dios está en el corazón de cada hombre… Que estén bien. 



[i] Aguirre V, Magdalena. Paul Claudel y el sentido de la vida. Mención honrosa, Concurso Literario 30º aniversario Copec. Editorial Nacimiento. 1965. Santiago.
[ii] Nicolás de Cusa, “La docta ignorancia”, ed Orbis, Buenos Aires, Argentina, 1984, traducción del latín, prólogo y notas de Manuel Fuentes Benot.
[iii] San Anselmo. Proslogion. Editorial Folio. 2007
[iv] Santo Tomás de Aquino. Suma teológica. Biblioteca de Autores Cristianos.  Madrid, MMXII
[v] Merino, José A.  Juan Duns Scoto: Introducción a su pensamiento filosófico-teológico. Biblioteca de Autores Cristianos.  Madrid, MMVII
[vi] Llull Ramón. Libro del gentil y los tres sabios. Biblioteca de Autores Cristianos.  Madrid, MMVII

Sunday, May 05, 2013

Dios Personal de Etty Hillesum


Ayer mientras disfrutaba un café expreso en el recinto de la Feria del Libro de Antofagasta, me encontré con un compañero de tertulias pasadas, en un momento tomó entre sus manos uno de los libros que había adquirido ese mismo día, y que ya tenía su lectura avanzada hasta la página 35. Dos aspectos  le llamaron  la atención:  el primero la manera como realizó mis comentarios en los libros y, lo segundo la temática de tales opiniones, reprochándome de inmediato que a pesar de su insistente solicitud, hasta la fecha poco había hecho por postear en este blog una reflexión sobre la elección del Papa Francisco.
Comentario en un libro
 Luego conversamos este texto que he querido también compartir con ustedes, el cual necesita ser leído con cierta mirada que tenga la voluntad de hacer un “gestaltswitch”, que le ayude a intentar un enfoque de lo que puede significar Dios para otros seres humanos: 

"Corren malos tiempos, Dios mío. Esta noche me ocurrió algo por primera vez: estaba desvelada, con los ojos ardientes en la oscuridad, y veía imágenes del sufrimiento humano. Dios, te prometo una cosa: no haré que mis preocupaciones por el futuro pesen como un lastre en el día de hoy, aunque para eso se necesite cierta práctica… Te ayudaré, Dios mío, para que no me abandones, pero no puedo asegurarte nada por anticipado. 
Sólo una cosa es para mí cada vez más evidente: que tú no puedes ayudarnos, que debemos ayudarte a ti, y así nos ayudaremos a nosotros mismos. Es lo único que tiene importancia en estos tiempos, Dios: salvar un fragmento de ti en nosotros. Tal vez así podamos hacer algo por resucitarte en los corazones desolados de la gente. Sí, mi Señor, parece ser que tú tampoco puedes cambiar mucho las circunstancias; al fin y al cabo, pertenecen a esta vida…Y con cada latido del corazón tengo más claro que tú no nos puedes ayudar, sino que debemos ayudarte nosotros a ti y que tenemos que defender hasta el final el lugar que ocupas en nuestro interior…Mantendré en un futuro próximo muchísimas más conversaciones contigo y de esta manera impediré que huyas de mí. Tú también vivirás pobres tiempos en mí, Señor, en los que no estarás alimentado por mi confianza. Pero, créeme, seguiré trabajando por ti y te seré fiel y no te echaré de mi interior" (12 de julio de 1942)
El texto corresponde al Diario de otra joven judía que fue asesinada el 30 de noviembre de 1943 en Auschwitz. 
Finalmente, como bien estimo que afirma Ulrich Beck: , “..la libertad de culto también se mide por la libertad de los que tienen otro credo, sin olvidar la libertad de renunciar a la fe o incluso a despreciarla” o creer en un “Dios Personal”.

Que estén bien.


Saturday, March 23, 2013

Mensaje de Semana Santa..


Es posible que mi apreciación tenga un sesgo, cuando afirmo que quienes comparten estos medios de comunicación social  conmigo, tienen una diversidad por la cual mis próximas palabras puede que no les sean importantes, comprendo ello perfectamente y lo respeto, aún más cuando conozco la multiplicidad de nombres con que se denomina a lo que el mundo cristiano llama Semana Santa, entendiendo esto es que aún estando lejos de considerarme un Católico Apostólico y Romano, siento que estos días de religiosidad me dan una oportunidad para meditar y, encontrar en mi a ese hombre que es libre para amar lo divino y lo humano.
En tal sentido si hay un “Reino de Dios  en este mundo pienso de idéntica manera a Fr. M. Louis cuando dice: “No creo que este Reino y su paz puedan establecerse por el poder del dinero. No creo que pueda establecerse mediante consignas, dínamos, o ejércitos en marcha, ya militantes o pacíficos. No creo que este Reino pueda ser obra de los individualistas ni de los hombres-masa. Únicamente puede ser la obra de personas que hayan alcanzado, no sólo la madurez natural, sino toda la talla sobrenatural de Cristo”
La paz y amor para ustedes……

Saturday, July 28, 2012

Analfabetismo en la fe adulta

El Papa Benedicto XVI ha señalado que la dificultad mayor que atraviesa la Iglesia hoy en día es el apagarse de la fe, sin duda que ello es una realidad que preocupa al pontícipe que ha proclamado el 2013 como el año de la fe.

Unas semanas atrás se ha publicado el libro "Gentili senza cortile" escrito por dos sociólogos de la religión, Massimo Introvigne y PierLuigi Zoccatelli, que además de realizar un análisis interesante sobre los ateos en una zona de Sicilia, utilizan una particular clasificación de tales ateos.

Los escritores señalan un primer grupo de ateos "fuertes",  que aunque no son un porcentaje importante motivan su ateísmo en razones ideológicas, teniendo en su mayoría  un perfil  que esta compuesto por ancianos y antiguos militantes comunistas. Se agregan el grupo de los  ateos "débiles", que lo integran aquellos que consideran a Dios y la religión irrelevantes para su vida, en la que únicamente cuentan el trabajo, el dinero y las relaciones afectivas. Aunque es mayor que el primero tampoco es un porcetaje importante, aun siendo integrado en su mayor parte por jóvenes e instruidos.

A diferencia de los grupos antes indicados existe un tercero que si tiene una importancia relativa, al cual los autores lo denominan como los ateos "alejados" de la Iglesia católica y de cualquier otra religión. Lo asombroso es que en su gran mayoría ellos no se consideran ateos, aunque hayan perdido su relación cercana con los rituales religiosos, a excepción de la religión los matrimonios y funerales. Además de considerarse personas con orientaciones religiosas o espirituales,

Sus razones a de tener el Papa para preocuparse por esta caída de la fe, lo que se ha convertido en un punto dramático que incluso ha llevado a calificarlo por el mismísimo Benedicto XVI como una "emergencia educativa". Ante esto el Sumo Pontícipe a fijado como un objetivo pastoral el reavivar la fe, teniendo como instrumento imprescindible el Catecismo de la Iglesia católica.

Para Benedicto XVI la apuesta sigue siendo los jóvenes con la esperanza que en la medida que alcanzan su adultez, su fe paralelamente también logre su madurez. Respetuosamente pienso que esto es un error que puede haber dado resultado en la europa de posguerra, cuando la Iglesia asertivamente apostó por la educación de los niños, hoy estimo que el Prof. Pietro de Marco tiene razón cuando considera un error esta focalización en los jóvenes.

Para el profesor de Marco, la confiada estrategia de preocuparse pastoralmente en los adolescentes es un error. Su fundamentación esta basada en que la formación no está cumpliendo con lo jóvenes  y, mucho menos con los adultos, lo cual lleva a una situación en que los jóvenes cuando alcanzan la adultez su formación no mejora.

De la lectura de La Declaración Gravissimum Educationis sobre la educación cristiana, queda clarísimo la importancia de la familia en la formación religiosa, especialmente si consideramos que son los padres los principales educadores y, particularmente las madres, pues estás por "tradición" cumplieron este rol el cual se ha perdido hoy en día, tanto así, porque las jóvenes y varones cuando se conviertan en madre y padre no trasmitiran una fe que sus progenitores no les enseñaron con su ejemplo.

Quizás una vez más sea menester recurrir a San Pablo como lo hizo el papa Benedicto XVI en su oportunidad al decir que: "En el capítulo cuarto de esa carta el Apóstol nos dice que con Cristo debemos alcanzar la edad adulta, una fe madura. Ya no podemos seguir siendo "niños llevados a la deriva y zarandeados por cualquier viento de doctrina" (Ef 4, 14). San Pablo desea que los cristianos tengan una fe madura, una 'fe adulta".

En conclusión a los primeros analfabetos religiosos a los que hay que volver a mandar a formarse en la fe son los adultos.