Debo reconocer que desconozco cuánto importa en una sociedad consumista y apolítica que haga una reseña sobre la reciente partida de uno de los más importantes intelectuales del último siglo: Jürgen Habermas (1929-2026). Relacionado con la Escuela de Frankfurt, aunque se apartaba en su esperanza que daba al poder de la racionalidad para el bienestar de la sociedad, y la potencialidad de mejorar el entendimiento a través de la comunicación.
La palabra en el uso del lenguaje humano dado su característica: descriptivo – expresivo, lo que es para Habermas muy importante, en cuanto a su aspecto práctico cuando se refiere a: lo que hacemos cuando hablamos, donde el acto del habla es el medio por el que buscamos siempre un consenso que nos lleve al entendimiento. Ciertamente que Habermas sustenta que en el acto de hablar lo hacemos con sinceridad, donde la verdad se busca en un entorno lógico y racional. Él presupone que nos desenvolvemos en lo denomino una “comunidad ideal de comunicación”. (1)
Quizás sea este uno de los principales motivos que alimenta a sus detractores, cuando en el mundo real nos enfrentamos a una sociedad competitiva, con solidaridad selectiva en que el consumismo y la lucha por alcanzar el poder político y económico es lo que se destaca en nuestra convivencia social.
Nací a mediado del año 1953, aunque no fui parte de la generación del 68 fui beneficiado de la apertura humanista de una sociedad. Sin embargo, Latinoamérica por la nefasta intervención estadounidense nos vimos sometidos a una ola de golpistas militares, que dieron la espalda a los derechos fundamentales de las personas. Aún así, el germen democrático alrededor del mundo y la relajación de las jerarquías sociales siguieron germinando, de manera desigual en Chile que tuvo que esperar hasta los años 90, para alcanzar la democracia.
Habermas con su teoría política fue mi filósofo de cabecera, hacia esos años y finales del siglo XX, muchos de nosotros éramos habermasianos, que pretendíamos desarrollar nuestros proyectos de vida, apegados a la construcción de una sociedad que valorará la justicia social.
Por cierto, el siglo XXI las ideas optimistas del racionalismo de nuestro filósofo han enfrentado un escenario agreste para el diálogo racional comunicativo, donde prima el sentimiento personal que muestra una solidaridad hacia el prójimo, siempre cuando este no afecte sus intereses, que se enmarcan en una cotidianidad en que el multiculturalismo y nacionalismo se han tomado las redes sociales, nada más alejado de las ideas de Habermas de una democracia liberal sustentada en patriotismo constitucional.(2)
El mismo Habermas afirmo que se había: vuelto demasiado viejo para que la imagen de un ciclo desolador de culturas o potencias en ascenso y caída desplace mi intuición condensada, forjada a lo largo de mi vida, sobre los procesos de aprendizaje y sus efectos acumulativos en la historia humana; me refiero a la intuición de un progreso de la razón a largo plazo, repetidamente interrumpido por regresiones frecuentes. A pesar de todo el extremismo populista y nacionalista que recorre el mundo, incluida las agresiones al derecho internacional de Trump y sus aliados, Habermas conserva sus ideas kantianas (3), para este mundo que parece fragmentarse social y políticamente.
Quizás con la partida de Jürgen Habermas me vea afectado de un “pesimismo subjetivo propio de la vejez”, ante una sociedad que se llena de fake news (4) y de autoritarismos populistas y nacionalistas. Pienso que no, sigo releyendo a Habermas, tanto que de paso me atrevo a recomendar la lectura de su obra: “Conocimiento e interés”.
Por lo pronto, continuaré asumiendo de Habermas su tesis de que nos caracterizamos por la capacidad de entendernos intersubjetivamente, donde las acciones comunicativas o actos del habla deben realizarse entorno a la deliberación pública que promueva la consolidación de una democracia liberal para implicarse en acciones comunicativas orientadas al entendimiento, de modo que la democracia liberal debe organizarse sobre la premisa de la deliberación pública, alejada del peligro de convertirla en máquina sistémica y abstracta.
Notas:
(1) Me refiero a un modelo ético donde el diálogo busca el entendimiento mutuo y caracterizado por la igualdad de oportunidades para participar, y encontrar un consenso a través del mejor argumento.
(2) Me refiero a la propuesta de Habermas de buscar una identidad política basada en la adhesión a principios democráticos y constitucionales en una sociedad pluralista que respete los derechos fundamentales y humanos


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