Una primera interrogante es si Trump es Estados Unidos o sólo lo representa, porque la justificación de un acto ilegal no debe sostenerse en un requerimiento judicial para secuestrar a un sujeto violando la soberanía de un país. Si usted acepta que esto puede hacerse, entonces está autorizando una “interpretación del derecho internacional”, que permite vuelva a ocurrir la invasión de un país, esto que particularmente podría no gustarle.
En esta interpretación es necesario considerar que durante el primer gobierno de Trump, el Congreso de EE. UU. impulsó la transparencia sobre Fenómenos Anómalos No Identificados (UAP/OVNIs), culminando en una ley que obligaba a reportarlo, lo que nos demuestra que Trump con su estilo personal puede o no respetar su aplicación. Por otro lado, que se consolida una posible acción conspirativa que relaciona a Ucrania, lo que se desprende de los dos últimos contacto telefónicos entre Putin y Trump previa a la acción de éste en Venezuela. Aunque en la medida que pasen las horas se irán conociendo detalles más fidedignos, cabe la “sospecha” que la extracción territorial de Maduro no fue una operación solo militar.
La nueva falacia que esconde las verdaderas intenciones de Trump/USA sobre la reserva de petróleo de Venezuela – lo que es un modelo que ha aplicado más de una vez en sus intervenciones – referida al “Narcoterrorismo” lo conduce inevitablemente a enfrentarse con países como México y Colombia. No me parece tan inverosímil que puedan declinarse en la amenazas de potenciales invasiones a otros países latinoamericanos.
Así mismo, el Consejo de Seguridad de la ONU donde los países ganadores de la Segunda Guerra Mundial tienen el poder para tomar decisiones vinculantes y autorizar acciones como sanciones o el uso de la fuerza y con derecho a veto, ha sido cuestionable en su eficacia y credibilidad. Cabe destacar que en la práctica no está resolviendo los problemas entre naciones, y los propios dictámenes de la ONU conllevan una debilidad institucional en el cumplimiento del Derecho Internacional, impidiendo su aplicación y coacción ajustada a la justicia y respeto de los pueblos, principalmente por el derecho a veto de Rusia, Estados Unidos y China.
El escenario de celebración de algunas personas sustentado en que Trump ha dado una oportunidad a la libertad del pueblo venezolano, no se sustenta en la conferencia dada por éste en Mar-a-Lago, dónde ha dejado varias ideas sobre el futuro de Venezuela.
Comencemos con sus vanidosos comentarios a los cuales nos tiene acostumbrado cuando señaló que gracias al «poderío militar», se lanzó un asalto espectacular, «como no se veía desde la Segunda Guerra Mundial» para catalogarlo como «uno de los actos de demostración de poderío militar más grandes de la historia». realizó un balance de la operación militar afirmando que ahora Estados Unidos «vuelve a ser un país respetado». Saquen sus propias conclusiones.
Esta frase final es muy alumbradora de lo que Trump considera una “Transición adecuada” y de cuánto puede durar, para ello se está analizando a quién designarán en el cargo, quizás para evitar continuadores del gobierno de Maduro. Aunque dejo claro su interés de reponer «las mejores y más grandes empresas petrolíferas».
Aunque se refirió a la Premio Nobel de la Paz indicando que no habría existido contacto, y pareciera que descarta totalmente que ella asuma en la nueva gobernabilidad Venezolana. Dijo de María Corina Machado que «es una mujer respetable, pero no tiene el apoyo y el respeto en el país», sin ni siquiera nombrar el excandidato opositor Edmundo González, de hecho concluyó con un mensaje que «Todas las figuras militares y políticas de Venezuela deben entender que lo que le ha ocurrido a Maduro les puede ocurrir a ellos también y les ocurrirá si no son buenos con su pueblo».
Desde una mirada prudente se hace necesario mantenerse en estado de alerta, no solo por lo que Trump nos recuerda de la doctrina Monroe, sino que también como la evolución con que se aplique la coacción de su poder, sumada a los intereses de capital de países y compañías transnacionales, que buscan sin contrapeso declarar por sobre la autodeterminación de los pueblos que sus recursos naturales son de su peculio extractivo estadounidense.
Y para finalizar me parece que hay que tener a la vista las teorías conspirativas, donde me apego a Donatella Di Cesare, en cuanto que ella se presentan en las sociedad democrática, mostrando un complotismo, ante el cual los ciudadanos se encuentran impotentes frente al poder tecnoeconómico, que influye sin mostrar su verdadero rostro. De aquí que sea recomendable ante la complejidad geopolítica con que el mundo se mueve, intentar una actitud proactiva para que aclaremos los puntos oscuros que alimentan nuestra ignorancia, mal o bien influida afectivamente por los medios de comunicación

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