"Veritatis simplex oratio est"

Séneca

Friday, March 25, 2016

Reflexión personal Semana Santa 2016


En los tiempos que vivimos, en que la violencia parece no ceder sus espacios históricos a la convivencia pacífica, la presencia de Dios pareciera haberse tornado irrelevante para muchos, ignorando o denostando a los creyentes, que el sufrimiento humano sigue favoreciendo a unos y a otros, no importando la fe en un ser superior.
El cuestionamiento se hace evidente ante los últimos actos de violencia, en que la indiferencia de Dios ante ello es una prueba de la duda razonable de su existencia, más aún cuando grupos fundamentalistas religiosos, cometen actos que privan la vida de seres inocentes en justificación de un mandato divino.
Ludwig Wittgenstein que por Bertrand Russell fue considerado el ejemplo perfecto de un genio, vivió esta disyuntiva aún siendo un filósofo que tenía el convencimiento de que la fe era un bien necesario para alcanzar la felicidad, aunque siempre se resistió a que para ello hubiera la necesidad de renegar de la razón.[1]
Me pregunto si el uso de nuestra razón justifica; especialmente para quienes hemos tenido los espacios para reflexionar, desde una plataforma técnica o profesional, de la cual vanidosamente podemos echar mano para cerrar las puertas a un sentido trascendente en nosotros de la preexistencia de Dios. Mi respuesta respetuosa de quienes decidan lo contrario es: No.

Acaso la proclamación vulgarizada de Friedrich Nietzsche de la muerte de Dios, nos ha dado la conformidad de sentido existencial. Además, de recordar la conocida frase de Max Horkheimer: “El intento de salvar un sentido incondicionado al margen de Dios, es vano”.[2]
En época en que el Papa Francisco nos ha convocado a un año jubilar que ha llamado de la Misericordia,[3] me parece oportuno recordar las palabras de Inmanuel Kant en que nos señala que la dignidad humana se sostiene en la existencia de un Dios misericordioso, que nos socorre espiritualmente  para afrontar las dificultades de estos días.[4] Por cierto que afirmar esto no  tiene la intencionalidad de aportar una prueba de la existencia de Dios, más bien es un aliento esperanzador que alimenta nuestra fe en el crecimiento y encuentro de sentido de lo humano que hay en nosotros.
En estos días de recogimiento religioso del mundo cristiano, estimo que se abren nuevamente las puertas para reflexionar y por sobre todo reiniciar la búsqueda; más allá de la pregunta de la existencia de Dios, dándonos cuenta desde el reconocimiento del otro,[5] que más bien debemos encontrar ese camino de esperanza de un Dios “rico en misericordia”[6],, pues solo un Dios Clemente y Misericordioso puede ser un anuncio de consuelo constructivo para los tiempos que hoy vivimos.


[1] Jareño A., Joaquín. La tumba del filósofo. Devenir. XIV Premio de Ensayo Miguel Unamuno 2012. España

[2] Horkheimer, Max. Anhelo de Justicia. Teoría crítica y religión. Edit. Sánchez, Trotta, Madrid. 2000.

[3] Papa Francisco. Bula  Misericordiae Vultus

[4] Kant, Inmanuel. La religión dentro de los límites de la mera razón.Alianza, Madrid. 2012

[5] Hubert, André. Conferencia La Misericordia. Programa celebración Semana Santa 2016. Universidad Católica del Norte. Utilizando la idea desarrollada en la conferencia de que la misericordia es darse cuenta y colocarse en el lugar del otro


[6] Ef 2,4

Friday, March 04, 2016

Reflexiones sobre el trabajo

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Por lo general consideramos el trabajo como un factor de producción que esta al servicio de las leyes del mercado, lo que impide sacralizarlo y en muchas ocasiones dignificarlo más allá de su sentido social. De aquí que la empleabilidad sea un factor que por una parte es determinante como indicador de la economía de un país, y por otro su falta sea una de las causales de la miseria e infelicidad humana.

Siendo para Séneca  el mundo ya perfecto donde la providencia evita el azar, el hombre con su trabajo no añade nada y solo permite superarnos a nosotros mismos. Es así como a lo largo de la historia laboral el trabajador, ha ofrecido su capacidad de trabajo siendo un indicador de su emancipación, que es retribuido con un bien que permite su subsistencia y en algunos casos su autonomía económica.

Cuanto de cierto hay en esto es algo que a través de los tiempos ha sido muy cuestionados, pues el trabajo constituyó un factor corriente de sumisión que en ciertas épocas alcanzó niveles de esclavitud. Actualmente hay una fuerte tendencia a flexibilizar las relaciones jerárquicas, promoviendo la autodisciplina y responsabilidad, donde la sumisión propia es consentida por autoevaluación de los beneficios esperados al esfuerzo laboral.
Un elemento actual de preocupación de la fuerza laboral es la introducción de las nuevas tecnologías, cuya tendencia implicaría una disminución creciente de los puestos de trabajos, lo cual se derivaría de las perdidas de habilidades demandadas por las fuentes de trabajo.

En la actualidad la situación anterior ha llevado a estimarse que el trabajo es un derecho, lo cual ha sido replicado en leyes laborales que incluso son sustentadas constitucionalmente. Lo tragicómico de esto es que este derecho enfrentado a la cesantía es de difícil exigencia a la hora de hacerlo valer, pues no existe un pleno empleo ni corresponde a la realidad que se le pueda exigir a una empresa la obligación de crear empleo.

Un ejemplo palpable hoy es la situación de despidos que se han producido en la gran minería del cobre, que prefiere el camino de la desvinculación laboral para mantener  sus utilidades ante un ciclo de baja del precio del cobre, privilegiando un ajuste sobre el empleo. Hay que reconocer que los  empleos hoy no conservan la estabilidad ni las jornadas se adaptan al bienestar de la familia, ya que la fragmentación se adapta a las necesidades de la producción.

La futurología nos señala la tendencia a que la jornadas rígidas de trabajo presencial deberán disminuir, lo que determinará que las propias remuneraciones se vincularan a tareas definidas y orientadas a resultados. Las empresas optarán por comprar servicios y productos más que tiempo en puestos de trabajo.  

El mismo Hegel pensaba que el trabajo era una oportunidad de asumir la plenitud de la condición humana, por tanto trabajar por dinero como objetivo primordial era una situación desesperante que podía llevar a la explotación, la miseria y la desigualdad. En cambio para Marx el trabajo antes de cualquier otra cosa estaba dado por una relación entre el hombre y la naturaleza lo que le daba sentido útil a la vida.

También hay que considerar que la globalización esta influyendo en el mundo del trabajo, no hay un impedimento geopolítico. Así mismo, los movimientos migratorios es un fenómeno que afecta la oferta de trabajo, generando en muchos casos un aumento de la competitividad en calidad y disminución de costo de la mano de obra.
 
Para algunos autores uno de los trabajos que está en mayor riesgos de desaparecer es el que involucra manualidades, que serán reemplazadas por innovaciones tecnológicas capaces de entender y ejecutar labores a menores costos. Por otro lado las grandes empresas no comprometen la mantención de grandes equipos de trabajo, privilegiando las externalidades en aquellas funciones que no son parte esencial de su producción. Así mismo los controles de procesos serán tecnificados y controlados online disminuyendo la necesidad de supervisores y mandos medios.

Para Hannah Arendt el trabajo estaba en un nivel inferior de la actividad humana, tal así que no era más que un mero esfuerzo para la supervivencia, aspecto que debía intentar mejorarse en sus propósitos humanos.

Según García y Serrano las relaciones de trabajo futuro se moverán entre algunas de las siguientes tendencias:
a.- La interrelación entre las poblaciones del planeta no se podrá detener, lo que aumentará el nivel de competencia en diversos niveles.
b.- Las poblaciones envejecerán y trabajarán más años debido al aumento de la esperanza de vida.
c.- Los sistemas de pensiones deberán aumentar la edad de jubilación.
d.- El aporte de profesionales universitarios de países emergentes cambiando la distribución de conocimiento, lo que indudablemente afectará la economía mundial.
e.- Incorporación definitiva de las mujeres al mundo laboral.

Finalmente la mantención de los movimientos sindicales deberán considerar estas tendencias, pues el mundo del trabajo cambia a una velocidad mayor que las legislaciones  que los sustentan, en el cual las empresas como los trabajadores tienden a mercados e intereses indiferenciados.

Bibliografía
- Serrano, J y García S. El ocaso del empleo, Como sobrevivir en el futuro del trabajo. España 2013

- Spence, M. La convergencia inevitable. Taurus. 2012

- Corm, G. Nuevo gobierno del mundo. Península. 2012

Thursday, February 25, 2016

Humor político festivalero 2016

Por estos días la preocupación social pareciera estar centrada en las repercusiones de la parrilla humorística del Festival de la Canción de Viña de Mar. Nótese, en el humor no en los artistas de pendiente negativa uniforme, como tampoco en las canciones en competencia que dan el magno nombre a este evento.
Focalizándonos en el humor que parece ser, a decir, del gran porcentaje de zombis que forman parte del denominado “monstruo”; que por supuesto no asusta a nadie, es la actividad clímax entre el programa de interpretes con estela en extinción. Dirán otros, este es uno de los aportes innovadores que hace el festival viñamarino, pues cuesta encontrar que los eventos como este consideren como esencial la participación de un humorista.

Un primer hecho que llama la atención, es que la propia autoridad comunal opine que no es posible considerar  la responsabilidad del humorista en su uso exacerbado de lenguaje coprolálico, como atribuible a actos sexistas, pues se afectaría la libertad de expresión, como así mismo el humorista declare que no le importa las consecuencias de sus chistes, pues el guión habría sido conocido y aceptado por la red de televisión, y por tanto ella era la que debían hacerse cargo de las potenciales demandas.
Sin duda  que no se esperan demandas porque algunos políticos han sido los que han dado tema para que los humoristas centren sus chistes en ellos, con su actuar poco honesto y delictual, y quizás por esto mismo haya sido necesario que el humorista haya decidido innovar al dar con nombres y apellidos a quienes están involucrados en tales ilícitos. 
Lo que es evidente que el supuesto monstruo un día no le importa la referencia sexista hacia una congresista, y días más tarde se transforme en alabador del feminismo, este hecho demuestra la presencia de zombis que no necesitan un gran esfuerzo creativo por el humorista para hacerlos reír a carcajadas.
Finalmente hay que tener presente que la vida política de un país no puede decidirse en un par de chistes, asertivos en el mejor de los casos, y quizás si sean útiles a nuestros políticos para darse cuenta que en política su quehacer debe estar orientado al bien común de la sociedad, no a sus intereses particulares, porque de ser así deben aceptar que serán tema para un mal chiste. Así mismo, hay algunos políticos que hacen una mala lectura del humor festivalero, cuando opinan que deben mejorar su credibilidad, cuando lo que deben mejorar es la decencia para no denigrar la política.

Saturday, February 20, 2016

Lecturas de vacaciones 2015 - 2016

Pienso que algunas personas al iniciar sus vacaciones estivales, hacen un programa de lecturas de aquellos libros que han dejado por razones disciplinarias abandonados con la consigna de que los retomaran en tal ocasión. Es lo que hago en general cada verano, aunque debo confesar que siempre me ha sido infructuoso apegarme fielmente a la parrilla de lectura consignada.

Encaminando mis pasos por el sector de Unión Square en la ciudad de Nueva York, tuve mi primer escollo con el cumplimiento de mis lecturas elegidas, es que el insoportable frío de Manhattan me provocó una inquietud racional, en el intento de buscar una lectura que me acercará a la cotidianidad del estadounidense; concedo que la gran manzana puede no ser un fractal que refleje a toda la comunidad norteamericana, seguro.

Al revisar mi lista no había ningún título que insinuara dicha posibilidad, así que con esta inquietud a cuesta ingresé a la librería Barnes & Noble que se ubica en el mismo sector. Luego de recorrer seleccionando una media docena de libros posibles de satisfacer el objetivo planteado, baje a la cafetería ubicada en la planta dos, para adquirir un café que alejara ese frialdad racional que impedía la elección definitiva.

Las cosas no empezaron bien, pues en el trayecto a la mesa con mi montaña de libros, parte del vaso de café se vertió sobre mi prominente estómago, provocando una quemadura mayor a cinco centímetros de diámetro, que gracia a la gran cantidad de ropa que vestía para protegerme de las bajas temperaturas, no fue más grave. 

Finalmente me vi enfrentado a dos títulos: “This Muslim American Life” de Moustafa Bayoumi que muestra las vicisitudes en las cuales convive la comunidad musulmana, en el estilo de vida americana luego de la destrucción de las torres gemelas  y “Let Me Be Frank With You” de Richard Ford, aunque las ruinas del 11 de septiembre son parte de su contexto histórico, es el Huracán Sandy el que domina la escena en que Frank Bascombe; un personaje ya conocido del escritor, lleva su presente a reencontrarse con el pasado, tras estos acontecimientos históricos vividos desde su particular cotidianidad. 
Mi decisión por estos dos títulos fue rápida, para lo cual contribuyó el recuerdo de unas palabras de Unamuno: Me los has oído mil veces, aborrezco los hombres que hablan como libros, y amo los libros que hablan como hombres. Pensando que Frank Bascombe era el hombre, que me daba la oportunidad de una mirada más amplia al quehacer estadounidense, mi elección final fue la obra de Ford.
 
En este libro traducido al español como “Francamente, Frank”  encontré inesperadamente una temática que relaciona aquellos desastres históricos y la vejez humana. Especialmente la relación presente entre el Huracán Sandy que es una muestra de las fuerzas incontrolables de la naturaleza sobre la madre tierra, y la fuerza del tiempo sobre nuestro cuerpo que coincide con la propia naturaleza que lo constituye. 

Frank regresa a New Jersey al lugar donde vivió en el cual se encuentra con su mujer recientemente diagnosticada con Alzheimer, teniendo a la vista las ruinas dejadas por el huracán. Por cierto, estimo que respecto al pasado es quizás positivo recurrir a él en determinadas circunstancias, pero no lo es quedarse retenido en él, porque vivirás sin convivir las oportunidades que la vida te regala, evita quedar prisionero de tu historia pasada, elige la libertad del porvenir.

Traducido como Francamente, Frank (Anagrama): su lectura cautiva lo que la hace una obra de ficción muy recomendable, con una impronta filosófica de Richard Ford que relaciona; no olviden, desastre y vejez.

Saturday, December 19, 2015

Pluralidad vivencial en Nueva York

Hacía el mediodía de un día del mes de diciembre con algo de sol, lo que aminora haciendo resistible la baja temperatura, me encaminé hacia Central Park, mientras avanzaba no pude dejar de cavilar sobre la relación que había en esta vivencia con el poema "Nueva era" de Bertolt Brecht.
En medio de la vegetación otoñal agotada, observé el horizonte y me enfrenté a la modernidad que rodeaba el parque, mientras muchas personas de todas las edades y sexos, acompañadas o no de mascotas; todos caninos pues las ardillas merodeaban solas, se trasladaban a lo largo y ancho a distintas velocidades por las intrincadas vías que dona la madre tierra.
Al fijar mi mirada en las personas es cuando la modernidad emergió junto al horizonte, en sus vestimentas apropiadas técnicamente, en sus artefactos de audio-comunicadores, con un entorno perimetral de empinados edificios que se enganchan en el cielo como innovación constructiva.
A propósito de innovación, varios autores que me excuso de referenciar en esta oportunidad, han definido la modernidad como innovación y cambio. Más allá de esto que no pondré en duda, lo que a mí me jala la vista, es que en esta tierra de Babel no parece lógico un concepto de modernidad unívoco. Lo que observo como afuerino que sus habitantes llevan consigo por las calles y avenidas, una construcción social, que es su cultura de la pluralidad en un marco de modernidad.
Es notorio que hay una dialéctica cultural, cuyas contradicciones se entrelazan y es en cuyo acto reconozco que no encuentro la explicación inmediata, pero si instuyo que lo que atrae a sus habitantes a integrarse a esta modernidad citadina de Nueva York, viene de lo que esas propias contradicciones provoca su pluralismo.
Sin dudas que como un reciente allegado a la ciudad son estas impresiones preliminares que pueden ser discutidas por temerarias, porque quizás me faltarán vivencias que aporten mayores antecedentes, que permitan comprender esta comunidad de diversidad argumentativa, y así explicar si es esta una modernidad o una nueva era que se desgarra de otra, o se une generando nuevos espacios con pasados recordados u olvidados; no lo sé, más ante este sentimiento de angustia es que los versos de Brecht del poema referido al principio calman momentáneamente mi ansiedad: Una nueva era no comienza de repente / Mi abuelo ya vivía en la nueva era / Mi hijo probablemente aún viva en la vieja / La carne nueva se come con tenedores viejos / No fueron los primeros autos / Ni los tanques / No fueron los aviones sobre los techos / Ni los terroristas / De los nuevos transmisores vinieron las viejas estupideces / La sabiduría fue de boca en boca.
Por ahora basta, debo integrarme a la vida neoyorquina .....

Sunday, November 22, 2015

Comentario sobre fragmento de libro de Zizek


Primeramente señalar que inicio este artículo en respuesta a un par de solicitudes de colegas y amigos que han considerado necesario saber mi opinión respecto de un artículo de Slavoj Zizek, editado en El Mostrador el pasado 18 de noviembre del año en curso[1],  agradezco la confianza intelectual depositada en mi y espero responder a sus expectativas.
En primera instancia quisiera hacer saber que conocí personalmente a Zizek en la ciudad de Buenos Aires varios años atrás, también he leído algunos de sus libros. Quizás sea necesario decir que el tiene una orientación marxista; aunque en ningún caso leninista, lo que de alguna manera le da un valor cultural a la crítica que propone.
Es menester a su vez aclarar que las acciones terroristas acaecidas en Francia y en otras latitudes del mundo, pueden analizarse siguiendo las ideas de Nietzsche y continuadas por Heidegger como hechos, en lo que cabe considerar que “los hechos son interpretaciones” e incluso esta misma afirmación también lo es. En cualquier formalidad estimo que los actos violentos con resultados de muertes inocentes, sean perpetrados por terroristas u otro tipo de instituciones, no tienen para mi ninguna justificación, huelga repetirlo ninguna. Eso sí, esto no implica que la falta de justificación determine que pretendamos negar la  identificación de las causas que provocan estos actos de barbarie.
En lo referente al ataque a Charlie Hebdo hay muchas personas que han expresado “ser Charlie Hebdo”, en lo personal no propondré en mi vida ser “Charlie Hebdo”, porque siempre he procurado respetar a mis semejantes, y en ello incluyo sus ideas y símbolos de cualquier naturaleza. De más esta decir que no por ello voy a aceptar los asesinatos de estos periodistas que viven de la sátira religiosa.
En mi país, hemos tenido un dictador acompañados de civiles y militares que sufrió un atentado; del cual salvo ileso, a su vez un Senador de la República que no tuvo similar suerte, como tampoco la tuvieron los degollamientos de tres profesionales por organismos represivos del Estado o el asesinato de un connotado dirigente de los trabajadores. Aunque podemos interpretar las causas por las cuales se llegó a esos hechos, las pérdidas de vida que conllevaron no tendrán jamás para mi una justificación.
En los extractos del libro "Islam y Modernidad"  Slavoj Zizek con su lenguaje  dialéctico nos hace ver un mundo que se divide entre “liberales anémicos” y “fundamentalistas apasionados”,  por supuesto que su análisis se posesiona desde una perspectiva euro-civilizada que muestra que los buenos son aquellos que cubren su ADN con la perspectiva occidental.
Estimado lectores, la maldad humana puede carecer de limitaciones, especialmente cuando ella no nos provoca remordimiento siendo incapaces de misericordia, como cuando actuamos sin el coraje  necesario para escuchar al otro, privilegiando ante todo nuestra facultad de juzgar. Quienes cometen estos actos tan atroces ni sienten ese remordimiento y sin dudas olvidan con facilidad y prontitud los actos que realizan, no son responsables de discernir el bien del mal, o mejor lo justo de lo injusto.
En el sentido anterior quizás sea oportuno recordar a Hannah Arendt, en la capacidad ética de juzgar de los seres humanos, la que se ventilaría en dos cuestiones: primera, ¿cómo puedo yo distinguir lo que está bien de lo que está mal, si la mayoría o la totalidad de quienes me rodean han prejuzgado ya el asunto? ¿Quién soy yo para juzgar? Segunda, ¿hasta qué punto, si cabe, podemos nosotros juzgar acontecimientos o sucesos pasados en los que no estuvimos presentes?[2] . Y a continuación no será una actitud arrogante de juzgar hechos como si en ello no hubiera una interpretación propia, “donde alguien delibera, hay un alma que fluctúa entre voluntades opuestas” como lo explicaba San Agustín en las Confesiones[3], teniendo presente que “no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero “ [4].
Cuando pienso en Zizek se me viene a la memoria la denuncia de Levinas sobre la confusión heideggeriana, que identifica el mundo con lo sagrado, pensar que el mundo es el origen de lo sagrado es llevar a la filosofía a un nivel antirreligioso, en que lo sagrado no tiene que ver con el “otro”, cuando se asume esta actitud de un otro que no comparte el misterio de lo sagrado, se queda a un paso de la justificación de eliminarlo, lo que en palabras de Levinas determina ”el origen de toda crueldad con los hombres”.
Que proponga la cuestión de la diferencia entre un hecho y su interpretación, es porque no me siento cómodo con las informaciones, ni en particular con los ensayos de algunos intelectuales con los cuales discrepo sobre sus paradigmas. En lo principal lo que me separa de ellos son las cuestiones nouménicas, es decir lo que involucra a la ética, los valores, el modo convivir con el cual organizo mi vida y el sentido escatológico de ella.
No pienso que un análisis de la personalidad de los fundamentalistas sea el mejor camino que permita esclarecer las razones por las cuales se ha llegado a las acciones terroristas actuales; pues estas no son exclusivas de grupos islamistas.  Como tampoco la caracterización de fundamentalista; que para aportar un dato histórico aparece en corrientes cristianas en el sur de Estados Unidos, donde emergieron seguidores que propugnaban una aplicación literal de la Biblia.[5]
 El psicologismo adleriano que nos muestra el Sr. Zizek; de convicciones de inferioridad o superioridad de los terrorista, obvia otros aspectos que son muy necesarios considerar al momento de hacer una argumentación de los por qué de estas acciones atroces, entre ellas podemos mencionar las intervenciones geopolíticas realizadas por países que representan la civilización occidental en territorios con paradigmas o cosmovisiones diferentes, o el apoyo que algunos países le dan al reino de Arabia Saudita que financia el integrismo sunnita. Por cierto no es mi intención profundizar esta particular e importante arista del tema, pero aliento una mirada más amplia que la señalada por Zizek, cabe recordarle que otra de sus posibilidades dialécticas es el abordaje teórico de Sartre en lo referido al otro, el cual propone que si quiero tomarlo en serio al otro: o me someto a él o debo someterlo yo. En todo caso este no sería un elemento que yo usaría en mi argumentación.
Mi visión de mundo no está exenta de religiosidad donde las raíz hebrea monoteísta es un arraigo muy potente desde el cual intervengo la naturaleza, teniendo presente el sentido que Dios me propone para convivir con el prójimo. Cualquiera sea la visión que declare tengo asumido que me han dado esta vida, lo cual me compromete a hacer cada día el mayor esfuerzo para en el convivir hacerla mejor. No observo en mis lecturas zizekeanas una trinidad mundo, entes y Dios, y en este texto de "El Islam como modo de vida" el autor en particular nos impulsa a los creyentes  a un camino de existencia limitada en el vivir más que en el convivir.
Encuentro oportuno señalar que la modernidad no es un hito que emerge de la nada, muy por el contrario su propia negación de lo numinoso, tiene su matriz en la tradición hebrea-cristiana dado que sus valores antropológicos y políticos, como su propia laicidad están presentes en la modernidad. Reconociendo en ella si, una perspectiva nueva que esta centrada en la desacralización sociopolítica.


 La historia que ha continuado a pesar de algunos malos pitonisos, muestra una posmodernidad en la cual otros pitonisos similares visualizaron el fin de las religiones, una mirada somera al respecto nos muestra lo contrario. Acaso nuestra creencia en un Dios único, implica necesariamente ser parte de un monoteísmo inevitable con la presencia de un ser superior “celoso y vengativo”, como señala Onfray en una entrevista editada en Artes y Letras (25/10/15)[6].  No lo pienso así, sino que siento un Dios que nos acontece y nos acompaña cada vez a través de las tradiciones de donde provenimos cada uno de nosotros, es un Dios acogedor que nos da sentido y del cual la historia del ser proviene, nuestra responsabilidad como seres históricos es discernir  y asumir su llamado desde nuestra posibilidad histórica.
Respeto el ateísmo del Sr. Onfray, pero no comprendo su concepto de un dios castigador y perverso, quizás el tenga la capacidad intelectual de definir o describir a Dios, yo no la tengo solo puedo afirmar que existe, y que si esta vida dada que vivo según he comentado anteriormente, ha sido interesante de vivirla por qué la muerte ha de ser diferente. No olvido ese verso de Hölderlin que nos dice que “el hombre no soporta  más que por instantes la plenitud divina. Después, la vida no es sino soñar con ellos”[7]. En esta vida dada por gracia, mis mejores instantes han sido el convivir y construir con otro un mundo mejor.
Finalmente en estas divergencias complejas propongo la hermenéutica como modelo teórico de conciliación dialógica de conflictos, reforzándolo con la propuesta de “pensamiento débil” [8]de Vattimo que es utilizada por Rorty para definir el antifundamentalismo, ya que aporta un diálogo exento de absolutos, lo que nos acerca al ideal cristiano de la caridad.
Estimado Lectores, aunque seguiré leyendo a Zizek espero haber dejado la comprensión que no comparto en particular su argumentación en este texto que me han referido, además me hago el deber de pedir la respectiva indulgencia por la osadía de esta respuesta.

Que estén bien,

Bibliografía






[2] Arendt, Hannah. Responsabilidad y Juicio. Paidos básica 128. Barcelona 2007. p.50

[3] San Agustín, Las Confesiones. Libro 8

[4] Biblia. Romanos 7,19.

[5] Raúl Sohr. El terrorismo yihadista. Penguin Random House. 2015. Santiago, Chile. p.106


[7] Hölderlin. Poesía completa. Ediciones 29 Barcelona. 1998 2ª edición. p.166


[8] VV.AA. El pensamiento débil. Cátedra. 2006 Madrid, España.

Saturday, October 31, 2015

Un Mundo Feliz: ¿Gattaca?


Hace unos días atrás tuve por obligación que ver la película Gattaca, la primera inquietud fue preguntarme si estaba ante una obra de ciencia ficción, teniendo a la vista que los avances en las técnicas de reproducción humana asistida, ya no son una ficción futura sino que una realidad cercana. Es así, que debo reconocer que esta dramatización nos enfrenta a un tema de fondo que nos demanda una reflexión responsable, en cuanto a sí la dignidad humana o lo que se entiende por ella, está ha resguardo de nuestro poder de manipulación tecnológica.
Hasta ahora hemos dejado que la procreación sea un evento en el cual el azar sea la regla a respetar. Aunque con certeza no podemos afirmar con ello, que tal formalidad azarosa de reproducción ni la prohibición de intervenir el genoma humano nos asegure el bienestar de la supervivencia humana, particularmente si consideramos como imperativo moral alcanzar los mejores estándares de calidad de vida. En mi opinión es esta una respuesta en desarrollo, especialmente si tenemos en cuenta lo señalado por Habermas: “si es compatible con la dignidad de la vida humana ser engendrado con reservas y sólo ser declarado digno de existir y desarrollarse después de un examen genético”[1].
La trama de la película de Andrew Niccol nos muestra una situación dicotómica de su protagonista (Vincent), por un lado su cuerpo defectuoso y por otro un ser que ha sido concebido en una tradicional relación amorosa reproductiva humana. De aquí que sea necesario preguntarse si la sociedad debe hacerse cargo, de que habiendo las condiciones biotecnológicas para evitar que un individuo enfrente su vida en condiciones físicas disminuidas, se decida no intervenir en su derecho a la vida como sí mismo, por el solo hecho de privilegiar un origen que ha sido fruto del azar y  de un acto amoroso relacional de sus progenitores.
Aún así queda pendiente otra preocupación que es “determinar el genoma de un futuro ser  humano, para sujetarlo a los fines que pretenden los que le hacen llegar a la existencia… constituiría la forma más extrema de negación  de la dignidad humana e incluso, en ciertos casos, de esclavitud, pues constitutivos esenciales de la identidad de personas humanas estarían predeterminadas para ser puestos al servicio de fines que no serían los suyos”[2]. Detrás de este párrafo pareciera que hablará el mismísimo Marqués de Sade que despojó a la razón de todo fin ético, “no es sorprendente que los pensadores de la Escuela de Francfort, con Adorno y Horkheimer a la cabeza, hayan visto en él a uno de los precursores más brillante de la razón instrumentalizada…” [3].
Hoy se puede afirmar que las manipulaciones genéticas están en condiciones de permitir cada vez más que los padres  instrumentalicen su razón, para engendrar hijos con criterio predeterminados de selección y planificación, sin importar ni preocuparse por la dignidad de un nuevo ser, donde el principal objetivo válido es ver nacer hijos según deseos que pueden ser satisfechos utilizando un laboratorio genético. En otras palabras los progenitores no se obligarían a considerar que “el otro, con su dignidad de persona, pone un veto incondicional, un “no” absoluto a mi libertad, un “no” que no puede ser superado sino en el “sí” de la aceptación del otro en el valor que es él mismo, en su ser-persona”[4].
Estas reflexiones me devolvieron al placer de una antigua lectura de la obra “Un Mundo Feliz”[5] de Aldous Huxley, en la cual nos anuncia que hacia el año 2500 nuestro mundo tendrá un control social, en el que el azar estará excluido, donde, los seres humanos serán moldeados clónicamente y producidos en series, primando un criterio de estandarización, que asegure que cada uno cumpla un rol que beneficie la armonía y estabilidad de la sociedad. Queda así de manifiesto que la sociedad pone al servicio de sus integrantes el progreso científico, en el convencimiento que con ello los ciudadanos tengan acceso a una felicidad asegurada, aunque sea obligatoria.


La película Gattaca y el libro de Huxley tienen aciertos en su desarrollo de su contenido argumental que motivan a una reflexión, de tal manera que quedan en la retina preguntas que hoy ya no son ciencia ficción, como la preocupación de que en la denominada época posmoderna, hemos despojados lo absoluto del sentir  humano, donde la inteligencia se pone al servicio del poder, no para vivir sino que para sobrevivir. De hecho “cuando el derecho a la vida y la propia vida dejan de ser absoluto desde la concepción hasta la muerte natural, convierto al otro en algo solo material y relativo, no trascendente, y menos espiritual y sagrado, que puedo destruir o manipular a la luz de mis deseos u objetivos personales, o de grupos, conocimientos e ideas fanáticas y sobrevaloradas”[6].
En estas tramas antiutópicas propuestas tanto por el guión fílmico como en el argumento de Huxley, no aparece una “Realidad Fundante, Trascendente, Personal”[7], que nos dote de sentido por el cual vivir, interpelándonos hacia una respuesta responsable en el uso de nuestra facultad de inteligencia, que ha obviado aquel plus divino que configura nuestra subjetividad, al no considerar las categorías dadas por Gracia, como son la conciencia y libertad, las cuales condicionan nuestra humanidad como sujetos. Ante una cosmovisión exenta de dicha realidad fundante la manipulación eugenésica aparece sin que se asuma la responsabilidad, ni se considere un aspecto teleológico de la existencia humana, de tal manera que el hombre opta por encerrarse en un fin evolutivo natural fatalista, en que su conciencia y libertad no son responsable ante Otro; como si solo lo fueran ante la naturaleza, un error que no considera que “no se puede ser responsable ante una realidad impersonal como es la naturaleza, sino solamente ante un ser personal”[8].
Sin dudas que vivimos en una sociedad pluralista en la cual nos enfrentamos a dos procesos que buscan construir un marco ético: “El primero es negativo, delineando los límites críticos que deben respetarse para evitar la ulterior fragmentación de la sociedad y recuperar la confianza básica constructora de la ciudadanía.  El segundo es positivo, despertando el sueño de ideales que yacen en el corazón humano resistente a todo discurso que se limita tan sólo a lo pragmático”[9].
Lo anterior puede plantearse desde las enseñanzas de la Enciclica Veritatis Splendor de Juan Pablo II, en ella se propone un modelo ético de la Opción Fundamental, en que el hombre más que elegir cosas se elige a sí mismo, orientando su vida de acuerdo a valores que emergen del querer fundamental de realización, plenitud o felicidad que habita en el fondo de todo ser humano, teniendo ante sí dos opciones fundamentales: “la opción por la vida, por la apertura a los demás, a la fe, por la aceptación del Otro o, por el contrario, el encerramiento, la clausura en sí mismo, el egoísmo, que en definitiva es la opción por la muerte”[10].
Tanto “Un mundo feliz” como el filme “Gattaca” nos alertan ante las consecuencias de una sociedad cuyo protagonismo humano en su dimensión social, es agredido con la perdida de las relaciones basadas en la confianza y solidariad, evidenciando un pluralismo que denota un relativismo ético en que los seres humanos dejan de compartir un horizonte valórico, mostrándose más preocupados de reducir al otro en su beneficio propio en una total ausencia de un corazón solidario.
Finalmente en la historia de la humanidad seguirán desarrollándose la ciencia y la tecnología, aunque no podamos asegurar que ante ellas los seres humanos logremos proteger nuestra propia dignidad, quizás sea atingente tener presente “la autocomprensión ética de la especie de la que dependa si podemos continuar comprendiéndonos a nosotros mismos como autores indivisos de nuestra biografía y reconociéndonos los unos a los otros como personas que actúan autónomamente”[11], es decir que mantengamos el derecho a conservar nuestra biografía genética sin manipulación respetándonos ser nosotros mismos.  

Bibliografía


[1] Habermas, Jürgen. El futuro de la naturaleza humana ¿Hacia una eugenesia liberal?, Barcelona, Paidos Ibérica, 2002. p. 34
[2] Verspieren, Patrick. La clonación humana y sus avatares. Revista Selecciones de Teología. Vol 40 Nº 159, 2001. p. 225-234
[3] Shayegan, Daryush. La luz viene de occidente. Ed. Tusquets ensayos. España 2008. p. 317
[4] Sayés, José A. Principios filosóficos del Cristianismo. C.B. Comercial Editora. España. 1990 p. 69
[5] Huxley, Aldous. Un mundo Feliz. Ediciones de Bolsillo. España, 2014.
[6] Canals, Sergio. Algo resuena en lo profundo, Uqbar Edotores, Santiago, 2015. p. 32
[7] Abrigo, Carlos. El origen divino de la subjetividad en la reflexión teológica de Juan Alfaro. Las repercusiones en el hombre y las tensiones intelectuales del autor presentes en este proceso. Rev. Teología y Vida,. Santiago 2015. 56/1. p. 105
[8] Ibid., p.109
[9] Mifsud, Tony. Sugerencias éticas para un desarrollo humano. Universidad Alberto Hurtado. Clase Magistral, 22 de marzo de 2001
[10] Martínez C.,Juan A. Libertad de Verdad. San Pablo, Teología Siglo XXI. Madrid 1995.  p. 186
[11] Habermas, Jürgen. El futuro de la naturaleza humana ¿Hacia una eugenesia liberal?, Barcelona, Paidos Ibérica, 2002. p. 41

Monday, October 12, 2015

Eutanasia: Mirada desde un optimismo estratégico

La muerte es una situación límite que el ser humano ineludiblemente deberá enfrentar al termino de su vida, la interrogante ética es si el hombre puede buscarla o solicitar asistencia para su propia muerte, pues evidente que un ser humano no muere para sí mismo. La sociedad no puede excluirse de la responsabilidad ética de procurar la atención asistencial de aquellos pacientes terminales, cuya calidad de supervivencia  sea sin el respeto irrestricto a su dignidad como persona, no sólo desde la perspectiva corporal sino que también espiritual.
En tal sentido Karl Rahner señala que “el termino del Hombre como persona espiritual que decide libremente su propia suerte, ha de ser consumación activa desde dentro, situarse activamente en su perfección o imperfección, dar el postrer testimonio, que resulta y como resume en general toda su propia vida. En este caso la muerte lleva consigo la total posesión de sí mismo por parte de la persona”[1].
El derecho de un paciente a morir con dignidad su propia muerte es una situación que no sólo se remite a la persona que demanda la obligación moral de dejar morir, sino que también involucra al personal médico y el entorno asistencial, como a su  propio entorno familiar.  Sin dudas que vivimos en una sociedad pluralista en la cual nos enfrentamos a dos procesos que buscan construir un marco ético: “El primero es negativo, delineando los límites críticos que deben respetarse para evitar la ulterior fragmentación de la sociedad y recuperar la confianza básica constructora de la ciudadanía.  El segundo es positivo, despertando el sueño de ideales que yacen en el corazón humano resistente a todo discurso que se limita tan sólo a lo pragmático”[2].
Lo anterior puede plantearse desde la enseñanzas de la Enciclica Veritatis Splendor de Juan Pablo II, en ella se propone un modelo ético de la Opción Fundamental en que el hombre más que elegir cosas se elige a sí mismo, orientando su vida de acuerdo a valores que emergen del querer fundamental de realización, plenitud o felicidad que habita en el fondo de todo ser humano, teniendo ante sí dos opciones fundamentales: “la opción por la vida, por la apertura a los demás, a la fe, por la aceptación del Otro o, por el contrario, el encerramiento, la clausura en sí mismo, el egoísmo, que en definitiva es la opción por la muerte”[3]
Impactante portada de TIME
En pleno siglo XXI se acrecienta la dificultad de atender a la recomendación de San Agustín cuando nos señala que: “nunca es lícito matar a otro; aunque él lo quisiera, incluso si lo pidiera, cuando, suspendido entre la vida y la muerte, suplica que le ayuden a liberar su alma que lucha contra las cadenas del cuerpo y desea romperlas, no es lícito ni siquiera cuando un enfermo no esté en condiciones de sobrevivir”[4]. Sin dudas que los avances científicos y tecnológicos han obligado a la Iglesia a enfrentar estas disyuntivas éticas, aunque han mantenido esta mirada agustiniana. Es así como el propio Papa Pío XII se vió enfrentado; al inicio de la segundad mitad del siglo pasado,  a la dificultad de definir cuando en un moribundo se separa el alma del cuerpo para considerarlo muerto, optando en la oportunidad de dejarle a la ciencia dicha responsabilidad resolutiva.
Aunque la encíclica Veritatis Splendor advierte sobre los peligros de desvío en la aplicación del modelo ético de la opción fundamental, es evidente que este ha permitido un avance en “que la evaluación moral aparece con cierto sentido existencial, biográfico, afectando la integridad de la persona en su profundidad  y evitando el sabor legalista y desencarnado de la ética casuista”, y por consiguiente “descubrir la opción fundamental de una persona (o la propia) ayuda a comprender mejor el sentido de las acciones de alguien, su grado de coherencia”[5].
En opinión de Tony Mifsud “el valor de la vida humana incluye el cuidado de su calidad. En otras palabras, lo fundamental no consiste en prolongar la vida como el fin exclusivo de la práctica médica, sino también cómo sanar y aliviar el sufrimiento de quienes así lo necesiten”[6]. Es evidente que la eutanasia se nos muestra como un grito desesperado, no obstante la actitud no puede centrarse en una solución únicamente desde la perspectiva de las respuestas invasivas científicas y tecnológicas, pues estamos frente a personas que demandan un nivel de comprensión, al enfrentar el límite de sus vidas, donde el dolor sea tratado considerando su dignidad humana.
Acaso los defensores de la eutanasia pueden decidir que un tratamiento del dolor y cuidados paliativos de un enfermo terminal, con una adecuada intervención en el manejo sintomático, incluyendo la necesaria asesoría psicológica de la familia, no afectarían la decisión de un paciente por la opción de la vida y no de la muerte. Tony Mifsud propone esto, en que “la ética cristiana habrá de ofrecer un marco de sentido al enfermo terminal y a su familia”[7]. Es oportuno recordar que estamos en un mundo interrelacionado, un mundo de vida descrito por Habermas como: “el horizonte de experiencias que no pueden traspasarse, que solo acompaña intuitivamente, y como fondo de vivencia solo objetivamente presente de una existencia cotidiana personal, ubicada históricamente, encarnada corporalmente y socializada comunicativamente”[8].
Es un hecho que la vida tiene valor porque está referida a una persona que es claramente identificable, que además es un sujeto que vive construyendo su propia biografía, lo que es más que el hecho biológico de vivir, es decir lo más importante es vivir y no el hecho de estar vivo. De aquí que uno de los criterios más utilizado para justificar la eutanasia sea la calidad de vida, la afectación de este criterio por no poder realizar los intereses propios, padecer de un sufrimiento inútil y no poder sostener la dignidad son razones suficientes para demandar una muerte digna.
 En definitiva no hay una respuesta definitivamente sobre la aceptación de la eutanasia, sin duda que ante la necesidad concreta de una decisión el análisis deberá tratarse caso a caso. Ante esta dificultad que me supera, para finalizar me apoyaré en la propuesta de Hilary Putnam que cita  el optimismo estratégico de John Dewey, considerando el siguiente texto, y apelando a la indulgencia de ustedes lectores por tan larga cita: “El bien no puede percibirse por los sentidos ni probarse mediante el cálculo del beneficio personal. Implica una radical empresa de la voluntad en interés de lo que es invisible y prudencialmente incalculable. Sin embargo, semejante optimismo de la voluntad, semejante determinación del hombre de que, en la medida de que dependa de su elección, sólo reconocerá el bien como real, es muy diferente de un rechazo sentimental a ver la realidad de la situación tal cual es. De hecho, cierto pesimismo intelectual, en el sentido de estar dispuesto sin titubeos a sacar a la luz cuestiones espinosas, a reconocer y buscar injusticias, a advertir cómo el presunto bien se usa a menudo para ocultar lo que es en realidad un mal, forma parte necesariamente del optimismo moral orientado activamente a que prevalezca lo correcto. Cualquier otro punto de vista reduce la aspiración (a realizar lo correcto) y la esperanza (de su primacía), que constituyen la esencia del coraje moral, a una alegre y superficial propensión a ver o esperar lo mejor de las cosas; y, al ser incapaz de contemplar el mal hecho a los demás en su irreflexiva búsqueda de lo que llama “bueno”, linda con la brutalidad, una brutalidad bañada por una atmósfera de sentimentalismo y en la que florecen los eslóganes del idealismo” (Dewey, Ethics. 1908, p.371)[9].



[1] Rahner, Karl. Sentido teológico de la muerte. Barcelona 1965. p. 34
[2] Mifsud, Tony. Sugerencias éticas para un desarrollo humano. Universidad Alberto Hurtado. Clase Magistral, 22 de marzo de 2001
[3] Martínez C.,Juan A. Libertad de Verdad. San Pablo, Teología Siglo XXI. Madrid 1995.  p. 186
[4] San Agustín. Ep 204,5: Corpus scriptorum ecclesiasticorum latinorum 57, 320
[5] Martínez C.,Juan A. Libertad de Verdad. San Pablo, Teología Siglo XXI. Madrid 1995.  p. 192
[6] Mifsud, Tony. Decisiones responsables. Una ética del discernimiento. Ediciones Universidad A. Hurtado. Santiago 2012. p. 365
[7] Ibid., 367
[8] Habermas, Jürgens. Mundo de la vida, política y religión. Editorial Trotta. Madrid 2015. p.  24
[9] Putnam, Hilary. Ética sin ontología. Alpha Decay. Barcelona 2013. p. 29-30